Recuperar la confianza

Desde hace unos años que Marcela Rometti sueña con volver a la vida tranquila que disfrutó en Don Torcuato. Es soltera y muy activa. Hace 23 años trabaja como profesora de Educación Física y en el área de Deportes en la Municipalidad de Tigre.

“Lo que se ve acá es lo que se veía en Don Torcuato cuando yo era chica y vivía junto a mis siete hermanos. En Casas de Santa María noto que se recupera eso: la gente vuelve a tener confianza en los otros. Se dio enseguida eso de hablarnos y pasarnos información”, describió Marcela cuando empezamos a hablar en la mesa de su cocina. Miles de imanes cubrían su heladera, y todos con una particularidad: “Me encanta viajar y colecciono imanes de distintos lugares. Los que me conocen lo saben, y muchas veces me traen de sus viajes”. Marcela es inquieta, despierta y disfruta contar su historia. Conoce a Eidico desde hace años, y junto a sus hermanas participó de distintos proyectos en Pilar y Villa Nueva, viéndolos solamente como alternativas de inversión por considerarlos demasiado como para ella sola. “Siempre me cerró el sistema de Eidico, y muchas veces me pregunté por qué no hacían un proyecto de casas”. Hasta que llegó el día. Una de sus hermanas la llamó gritando, estaba emocionada, creía haber dado en la tecla con el proyecto ideal para Marcela. Tigris había publicado con orgullo su novedad: Eidico Casas… ¡en Tigre! “Entré en el proyecto y no lo podía creer. Estoy sentada acá y no lo puedo creer”, expresó emocionada.

¿Cómo fue el día de la entrega? “Estaba esperando desesperada, muy ansiosa, el último mes no podía más. Como quería ver la casa antes, lo llamé a Pablo -el primer representante de entrega de CSM- y el día que arreglamos diluvió, fui igual pero no pudimos ni entrar al barrio. Al día siguiente me llamó Pablo y me dijo “¿Cómo estás para este viernes?”, le pregunté si era para ir a visitar la casa y me respondió: “No, para la entrega”. Esa noche no pude dormir, en mi familia me preguntaron si quería que me acompañaran y les dije que no, quería ir sola. Cuando entré me moría… ¡me moría!”.

Marcela nos contó mucho de la cotidianeidad del barrio: “A las cinco de la tarde ya hay mucha gente afuera, salen con los nenes, se juntan a charlar. Yo llego más tarde y a veces entro directo. Me gusta la intimidad, y al principio tenía miedo de tener demasiada exposición. Pero por suerte se comparte mucho pero cada uno tiene su espacio. Estoy muy agradecida, con mis hermanas que están también en el proyecto esperando la próxima licitación, somos como el club de fans de Eidico. Porque no hay otra forma para personas como nosotras que somos de un nivel medio, que pudimos estudiar, trabajar, que tenemos un ingreso digno. La gente que tiene más ingresos y otra historia quizás se metería en otro proyecto, no en éste. Para mí es perfecto”, explicó convencida mirando su casa, aún sin poder creerlo.

VOLVER A LA NOTA PRINCIPAL