RECUÉRDAME

¿Cuántas de nuestras acciones y rasgos adquirirán categoría de eternos? ¿Cómo nos evocarán cuando no estemos? La nueva película de Disney nos trae algunas preguntas a la mente.

Texto: Milagros Lanusse

Cuando aparecen los créditos y la sala queda en silencio (como pasó alguna vez con El Rey León, hace muchos años), el grado de emoción escala dentro de más de un adulto, sobre todo de los que fueron de acompañantes “nada más”. A ellos, algunas escenas los alcanzó de forma especial, inesperada y profunda. Y no son pocos los que se van tarareando por lo bajo la canción que el pequeño Miguel le canta a su bisabuela en una de las últimas escenas. “Recuéeeerdame…”

La historia es compleja e imposible de reproducir de forma escueta; los giros, las relaciones y los personajes adquieren categoría literaria. En términos básicos, hay un mundo de los vivos y un mundo de los muertos, un puente de pétalos para cruzar de uno a otro, guías espirituales (uno es un perro y se llama Dante, y las reminiscencias son obvias para algunos), una guitarra preciada y un niño que solo quiere cantar. Las tonalidades coloridas y los ritmos alegres de un pueblo mexicano fiel a sus creencias son escenario perfecto para una obra de por más original y creativa.

El recuerdo, en “Coco”, es el bálsamo necesario para no morir “del todo”. Los muertos viven otra vida paralela a la de los vivos, pero dejan esa vida de forma definitiva si en la tierra ya nadie los recuerda. Y entonces el mensaje se va filtrando incluso entre los más chicos: algo tengo que hacer para que me recuerden. Los recuerdos son las huellas que fuimos dejando en el alma de los que conocimos en vida, y los frutos de las semillas que alguna vez sembramos.

En “Coco” se reza por los que no están una vez al año, y entonces su vida adquiere mayor trascendencia. Muchos nos levantamos del cine en silencio, preguntándonos si estamos sembrando a conciencia, si nuestra vida resultará tan eterna como aquella de los muertos del dibujo animado. Nos aferramos a la manito a la que supuestamente vinimos a traer a ver la película, y le pedimos por dentro que recuerden siempre nuestro paso por aquí. Que sus vidas se construyan sobre la base sólida que intentamos construir para ellos, con los valores que proponemos, los gestos de amor que quisimos imprimir en su corazón, las acciones coherentes que buscamos siempre que sean nuestro Norte. Y entonces, que cuando ya no estemos, tengan igual donde aferrarse. Que el surco sea profundo, la huella indeleble, la compañía eterna.

Y otros llegamos a casa a quitar el polvo de las fotos de los que partieron, para recordarlos aún con más fuerza y que continúen en su nueva vida para siempre. Hablamos de ellos aquella noche, les relatamos alguna anécdota a los que no los conocieron, y creemos bien adentro que su alma aún se alimenta de nuestros recuerdos. Buscamos entre sus memorias los rasgos que queremos perpetuar, para que siempre haya quien se nutra de ellos cuando partamos nosotros. Y rezamos para que trascienda nuestra voz, como la de Miguel mientras canta, y logra que en el mundo de los muertos se continúe la vida de sus antecesores.

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