Hogar, dulce hogar

Después de casarse y vivir durante un año entre Australia y Asia, Santiago y Marcela sabían que era el momento de afianzar raíces en un lugar al que pudieran llamar “hogar”. El sueño de la casa propia parecía lejano, pero no imposible: dicen que a veces, cuando uno deja de buscar, empieza a encontrar. A continuación, cómo lo hicieron posible junto a Eidico Casas.

TEXTO: Sofía Stavrou

Se conocieron en el año 2009. Marcela Cagliolo es de Puerto Madryn, tiene treinta y tres años, es productora de televisión, fotógrafa y jugadora aficionada de hockey desde los seis. Justo cuando pensaba en volver a radicarse en su Chubut natal, conoció a quien sería su compañero de vida y decidió quedarse. Santiago Zapata se crió en una modesta casa de Ramos Mejía con un gran jardín, y vivió la otra mitad de su vida en Palermo, disfrutando de la ciudad arriba de su bici. Es técnico en construcciones, aficionado a la fotografía y sueña con desarrollar su empresa de instalaciones de energía renovable. Cuando su camino se cruzó con el de Marce, supo enseguida que era la mujer con la que iba a poder compartir y escribir una gran historia.

Revista Tigris (RT): ¿Cómo vivieron el proceso hasta el momento de enterarse de que realmente serían dueños de su propia casa?

Marce: Conocimos el proyecto por el papá de Santi, que nos recomendó Eidico. Representaba la posibilidad de comprar una casa, nuestro hogar, en cuotas y sin apuro. Esto resultaba ideal porque no necesitábamos la casa con urgencia, pudiendo depositar así el ahorro en las cuotas, cuyos montos estaban a nuestro alcance. Para nuestra Luna de Miel nos tomamos un año de licencia en nuestros trabajos y viajamos por Australia y Asia. Dejamos todo listo para la licitación porque al regreso del viaje ya íbamos a necesitar tener la casa. Nos enteramos de que salimos adjudicados con jet lag y vía Skype, mientras trabajábamos en Australia. La licitación fue tan reñida que finalmente fuimos a sorteo; existía la posibilidad de que no entráramos en la asignación. El momento en el que nos enteramos de que habíamos salido primeros en el sorteo -lo que nos permitía elegir el terreno y el estilo de la casa como siempre quisimos- fue de felicidad absoluta. Estábamos en la cocina de nuestra casa aussie (australiana) y nos abrazamos, “chochos” de la vida, gritando “¡vamos a tener nuestra casa!”. La compramos íntegramente con ahorros nuestros del trabajo de años y años, lo que aportó el sabor extra del fruto de mucho esfuerzo.

RT: Santi, como experto en construcción, ¿cuál dirías que es la clave para afrontar la obra con paciencia y optimismo y disfrutar del proceso?

Santi: Es ideal informarse de los pasos a seguir, mantener contacto con el Departamento de Entrega para aclarar cualquier duda y estar atento a las novedades e informes de avance de obra. Es importante entender que sólo se sabrá cómo evoluciona la casa por medio del Departamento de Entrega. Existe una única visita a la obra, una vez que haya finalizado la parte gruesa, que es corta e ilustrativa. Por eso, recomiendo no dejar todas las dudas puntuales para la visita porque probablemente no sean todas aclaradas. Sacando el enfoque del experto, la clave pasa por no perder el foco en el fin que se persigue; el proceso de construcción de una casa te llena de inspiración e ilusión.

RT: ¿Qué es lo que más les gusta de Casas de Santa María y cuáles son sus visiones a futuro?

Santi y Marce: Nos gusta mucho que sea un barrio con gente joven como nosotros. Cada vez que fuimos a los sorteos, esperando escuchar el número 170, veíamos a familias proyectando, y eso nos alegraba mucho. El hecho de mudarnos de Palermo a Benavídez es un desafío, pero estamos ansiosos por tener nuestro jardín, nuestra huerta, y de que Bernardita -nuestra hija recién nacida- pueda jugar en la puerta de casa y pasar a buscar vecinitos sin preocupaciones.

 

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