Colores para el jardín

En el mundo vegetal existen flores y arbustos de variados colores. Algunos más vivos, otros más pálidos, cada uno aporta un toque especial al jardín. Acá una guía para aprender a combinarlos según el espacio verde de cada uno.

Texto: María Laura Vidal Bazterrica – Fotos: Pachu Tufró

La flor
Los colores son una de las facetas más importantes en el jardín. Empleamos flores de diferentes colores para configurarlo, crear una determinada atmósfera, generar puntos focales, conseguir diferentes efectos a la distancia y obtener un ambiente específico.

A lo largo de la historia, el color siempre ha tenido un significado y cada uno simboliza algo diferente. Los colores vivos sugieren vitalidad y felicidad. Los suaves y fríos invitan a la contemplación y a la reflexión. Y combinados generan matices que pueden acompañar la primavera de la mejor manera.

Acá, sus significados y las flores que pueden utilizarse y combinarse sobre el verde. Además, un detalle de los factores externos que también juegan un rol importante en la percepción de los colores de nuestro jardín.

Los colores
– Blanco: no es un color propiamente dicho sino la combinación de todos los colores del arco iris. Simboliza paz. Su luminosidad y delicadeza reduce la intensidad de los colores adyacentes. Se utiliza para suavizar o entremezclarse con los otros colores. Una flor: cala.

– Amarillo: es el más brillante. Trasmite alegría y vivacidad. Es muy aconsejable para rincones de poca luz. Una flor: fresia.

– Verde: es el que más abunda en los paisajes. Es un color pasivo, razón por la cual crea ambientes contemplativos. Simboliza frescura. El verde se trabaja con árboles y arbustos generando distintas formas, simetrías y dibujos. Un arbusto: Buxus sempervirens. Una flor: la del árbol tulipanero.

– Rojo: es el color más popular en los jardines. En las floraciones, atrae a la vista y se utiliza como punto focal. Puede causar cansancio al ojo humano si se abusa de él. Ejemplo: Salvia splendens.

– Rosa: es un color suave que hace alusión al calor, al romanticismo, a la infancia. Reluce más durante el ocaso o a media luz. Resalta combinado con follaje gris y plateado. La mezcla de diferentes tonos de rosa crea el efecto de distancia. Una flor: rosal elle.

– Púrpura: es un color que estuvo siempre relacionado a la Iglesia y a la nobleza. Un arbusto: Buddleja davidii.

– Azul: se utiliza para dar efectos de distancia y espacio. Es útil como elemento de unión en el paisaje. Un arbusto: Salvia guaranitica.

Factores que influyen
– La distancia: afecta a la percepción del color. Cuanto más lejos del observador esté, menor fuerza tendrá el color. La distancia hace perder su efecto al difumarse el color, transformándose en borroso por los efectos de luz y sombra. Si, por ejemplo, deseo ver desde la galería la flor de un Prunus, debo plantarlo a no menos de tres o cuatro metros de mi punto de visión.

– Luz y sombra: los rayos de sol, la humedad, las nubes y la temperatura afectan al color de las flores. En zonas costeras, los colores son más intensos. Allí se pueden encontrar arbustos tales como el Plumbago azul. Y en zonas de media sombra, los colores claros brillan más. Un claro ejemplo de esto es el Agapanthus blanco.

– Situación geográfica: en regiones más cálidas, las plantas tienen una floración más prolongada que en las más frías, pero su color puede ser menos intenso, más pálido. Y viceversa, en floraciones más cortas, es más intenso su color.

– Intensidad de la luz: la hora del día afecta a la intensidad de la luz y con ella, a la percepción de los colores. Durante el amanecer o el crepúsculo, los colores pasteles tienen más brillo que al mediodía. El rojo se hace difícil de distinguir llegando la noche, mientras que el blanco brilla en tal oscuridad.

– Tipos de suelos: el tipo de suelo y su pH no escapan a la calidad y color de la flor. Influyen directamente sobre ellos. Un suelo ácido nos brinda, por ejemplo, hortensias azules, mientras que en un suelo normal la flor es más bien color rosa pálido.

– La textura: existe una estrecha unión entre el color y la textura de la hoja. Los suaves tonos pasteles se asocian con texturas finas. Tal es el caso de la Spiraea japonica. Y los colores vivos se relacionan a texturas más bien gruesas y ásperas, como es el caso de la boina de vasco.

Más información:
María Laura Vidal Bazterrica
Paisajista
(15) 4991-6073
marialauravidal@hotmail.com
FB vidalbazterrica.marialaura 3