Amigos al costado del camino

Texto: Eduardo Cazenave

En julio celebramos una fecha muy importante: el Día del Amigo. Acá, una invitación a pensar sobre la amistad y a celebrar con ellos su día.

Cuando algo nos golpea fuerte en la vida, como la muerte de un ser querido, una enfermedad, rupturas familiares, la pérdida de un trabajo u otras crisis, nuestro propio grupo familiar sufre también. Se encuentran en el mismo baile, tan afectados como nosotros mismos, sufriendo a la par su propio duelo y, por lo tanto, no son ellos los que más pueden ayudarnos en ese momento. En tiempos de crisis, nuestros salvadores son los amigos.

AMIGOS DE TODO TIPO
Hay amigos de la infancia, del colegio, del club, del gimnasio, de la cancha, del trabajo, de baile, del grupo de padres del colegio de nuestros hijos, del vecindario, del verano, de un viaje, de la universidad, entre varias opciones más. Todos son amigos por alguna razón: nos han o les hemos dejado algo. Y están ahí, muchas veces en silencio, otras, sumamente activos, acompañándonos a lo largo de la vida. La amistad es un vínculo de amor, y el amor tiene tres caras que los griegos diferenciaron, respectivamente, con distintos términos: eros, filia y ágape.

EROS: LOS AMIGOS SON PARA DIVERTIRSE
Entre amigos se generan momentos geniales, únicos, en los que uno se muere de la risa. Comidas, encuentros y fiestas que se recrean en cada reunión, volviendo a causar el mismo efecto: un enorme placer. Eso es eros, pasión, energía pura que hace de ese instante un momento inolvidable. Son la diversión que estalla en carcajada y el deseo de revivir momentos como esos los que nos dan ganas de volver a juntarnos. Alimentan la amistad, le dan un sabor especial y son esenciales para que exista el vínculo. No hay que menospreciar nunca esta cara del amor, porque es indispensable en cualquier relación. Pero tampoco debemos sobre preciarla, porque dura poco, es pasajera, no se da siempre y, cuando falta, algunos huyen, terminando una amistad que ya de por sí estaba incompleta.

FILIA: LOS AMIGOS SON PARA ACOMPAÑARSE
Se trata de estar juntos, sin hacer especialmente nada. Quizás compartir un viaje, una comida o, mejor aún, el paso de los años a lo largo de la vida. Filia es el amor que implica estar uno al lado del otro y compartir tiempo. Muchas veces se construye en los hábitos: jugar al fútbol todos los domingos, o los martes, reunirse a comer todos los jueves, salir a correr, en talleres de pintura, o en vacaciones compartidas un año tras otro. En esos encuentros se va dando un espacio de intimidad, de apertura. A veces se hablan pavadas, otras, cosas profundas. Y queda un lazo que perdura gracias a esos momentos, no siempre tan divertidos, pero sí más duraderos. Estos permiten que haya amistades que trasciendan tiempos y distancias. Que puedan pasar años sin verse, pero que al momento de abrazarse, parezca que fue ayer nomás que estaban charlando juntos.

ÁGAPE: LOS AMIGOS SON PARA ENTREGARSE TODO
Ágape, amor de entrega incondicional. Se trata de esos amigos que están al pie del quirófano. De los que arman un departamento entero cuando un amigo no tiene dónde vivir. Del que le da un trabajo a su amigo, lo levanta cada vez que se cae, le da todo y sonríe, sin pedir a cambio ni siquiera su sonrisa. El amigo que brinda eso, y aquél a quien uno le da lo mismo, es el amigo más fiel. Si lo tenemos, no debemos perderlo. Nos lo ganamos porque somos valiosos. No hay que soltarlo; debemos hacerlo sentir querido.
Los amigos están hechos de la combinación de los tres amores: matarse de risa, estar juntos y entregarse todo, de manera imperfecta, personal, única, como nos va saliendo. Celebremos la amistad, no sólo una vez al año, sino construyendo juntos compañeros de la vida, hermanos que elegimos para toda la eternidad. Que en esas celebraciones, las extraordinarias y las cotidianas, no falte nunca un abrazo, y no dejemos de agradecerles esa gran amistad. Aprovecho yo, entonces, y con lágrimas en los ojos les digo a mis amigos: ¡gracias por acompañarme! ¡Gracias por estar siempre al costado de mi camino!

El autor es filósofo, Director General del Magno College y profesional en Fundación Padres.

 

 

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