Un invierno colorido

Texto: María Laura Vidal Bazterrica – @itasflowersFotos: Pachu Tufro – @pachulas13

En la jardinería, los estilos van cambiando pero los arbustos ornamentales permanecen, cobrando importancia año tras año. Cuando pensamos en jardines, patios, galerías y en todos aquellos lugares donde hay verde, inmediatamente aparecen imágenes de flores en nuestras mentes. Y creemos que la belleza de los espacios verdes está dada sólo por ellas.

Pero el invierno tiene su encanto pleno de aromas y transformaciones propias. Únicamente necesitamos conocer un poco más el mundo vegetal y sus utilidades para saber que en el diseño configuran las líneas verticales del jardín como las cortinas que aplacan el viento y ocultan vistas feas. Estas presentan muy pocos problemas y una vez que se plantaron en el lugar correcto, es mínimo el trabajo para mantenerlas; sólo un poco de nuestro tiempo dos veces al año.

Antiguamente era necesario encargar plantas a un vivero y reservarlas por pedido. Hoy, lo único que debemos hacer es ir, elegirlas y llevarlas a casa. Los arbustos, especies leñosas de crecimiento normal en general, que llegan hasta los 5 o 6 metros de altura dependiendo de la especie, se desarrollan muy bien en contenedores llamados envases. Luego, cuando los plantamos en nuestro jardín, debemos cuidar de no dañar las raíces, darles riego de asiento y cuidarlos de las hambrientas hormigas.

Entonces, en el invierno podemos tener un jardín con:

  • Follajes de diferentes tonalidades, como la dodonea, el leptospermun y el cotinius, sufren transformaciones con el frío, pero luego en primavera vuelven al verde. La acuba japónica variegada es un arbusto de media sombra con follaje disciplinado que da frutos rojos en invierno. Las flores de las abelias fructifican en invierno en sus ramas terminales, formando una masa
  • Flores: los laurentinos florecen con el frío, su follaje es verde oscuro y junto con el ramillete blanco hacen de este arbusto una especie que encontramos en casi todos los jardines. La forsithia, con sus flores amarillas que salen antes que las hojas a fines del invierno, provocan una fuerte explosión floral. La camelia, con su paleta de colores, es un arbusto con mucha historia y romance por lo que es casi indispensable plantarla en macetas o en suelo. El myrtus produce flores blancas en julio y en agosto con hojas que, al estrangularlas, emanan un perfume seguido de bayas azules. En pleno invierno, las phomis dan abundante floración amarilla sobre ramas de color grisáceo y son ideales para un cantero al sol, con combinación de lavandas. Las clivias dan flores naranjas en invierno con follaje verde oscuro. Se desarrolla muy bien en la sombra

  • Frutos: en el ciclo vegetal, después de las flores, vienen los frutos o las bayas. El ligustro de frutos azul oscuro; la nandina, de amarillos u rojos, y la mahonia que aporta gran cantidad de bayas amarillas. El ilex, mejor conocido como muérdago, da bayas rojas en esta época, permaneciendo en la planta por muchos meses, al igual que el cotoneaster y la pyracantha de frutos naranjas, rojos y amarillos. La callicarpa es un arbusto cuyas hojas se vuelven rojas o violáceas en otoño, dejando al descubierto para el invierno, racimos de bayas púrpuras. Necesita estar protegido al sol. Los pittosporum son arbustos con follaje denso, flores blancas que en invierno se transforman en bayas oscuras. Ideales para cortinas y cercos. Y por si esto fuera poco, también hay plantas con cortezas de color amarillo y bordó, como salix alba, cornus alba sibirica o stolonifera flaviramea (de corteza amarilla). Las trepadoras, como la bigninia, parecen una cortina de fuego naranja en esta estación, justo cuando está en floración. Si la plantamos en muros o pérgolas tendremos mucho color en el jardín. La actinidia es una trepadora lenta, poco conocida, capaz de cubrir un árbol viejo cuyo follaje varía en la misma hoja desde el verde rojizo y rosado
  • Gramíneas: también tienen un papel importante en invierno. Si bien la mayoría son de primavera o verano, existen algunas especies que  tienen su mejor momento en invierno, como es el caso de la calamagrostis, acutiflora y jarava pseudoichu. Los cuidados que necesitan estas especies son pocos: buena tierra, rico sustrato en fósforo, nitrógeno y potasio, suelos sueltos y buen drenaje. La poda sólo debe realizarse una vez que la flor o el fruto estén marchitos.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *