Un espacio verde, un niño y una necesidad

Texto: María Laura Vidal Bazterrica – Paisajista – @itasflowers

Si existe algo que nos une como humanidad, donde convivimos entre diferentes  creencias, idiomas, costumbres y razas, son los niños. Ellos son alegría, aprendizaje e inocencia. Y los juegos ocuparon siempre un papel fundamental en su infancia. Es el elemento que los ayuda a conocerse a sí mismos, a conectarse con su historia y a descubrir el mundo que los rodea. 

Los antropólogos que han estudiado los juegos infantiles a través de la historia, llegaron a la conclusión de que todas las tribus de las que se tienen datos consideraban a los juegos como algo natural de los niños, que impulsaba su creatividad. Las pinturas rupestres y los artículos que se han encontrado en los lugares donde vivieron antiguas civilizaciones han dado testimonio de esto.

Ya los filósofos, Platón y Aristóteles, incentivaban a los padres para que sus hijos jugaran, desarrollaran su creatividad de la mano de la imaginación, y así se formaran seres pensantes con la libertad de poder elegir y relacionarse siempre.

En el Foro Romano hay una rayuela grabada en el piso. Los sonajeros más antiguos se fabricaban de vejigas de cerdo o de garganta de pájaros. En la actualidad, las plazas, los parques públicos y nuestros jardines, son escenarios que convocan a una interacción  permanente a través del juego. Diseñar un espacio recreativo infantil, más allá de los metros disponibles, es una tarea desafiante porque muchas veces los adultos somos los primeros opositores a estos sectores.

Hay un tiempo y un lugar para cada etapa en nuestras vidas: crecer entre el césped, los árboles, el agua. El barro, la lluvia, la arena, la hamaca, los toboganes, la calesita, la casita, la tirolesa, el subibaja. Son elementos que debemos saber cómo y en dónde ubicarlos. Más tarde, cuando nuestros niños sean adolescentes, (no siempre del todo) estos sectores pasarán a ser espacios para la contemplación o el lugar donde se instale una huertas, canteros o mobiliario.

¿Qué tener en cuenta a la hora de ubicar los juegos en el jardín? 

– Un árbol ramoso y fuerte siempre atrae a los niños para escalar, o colgar una goma de auto viejo con cadenas forradas en telas o sogas para hacer de hamaca. 

– Un sector de árboles agrupados es ideal para instalar una casita de madera, apoyada sobre ramas sanas y fuertes que soporten el peso de los niños, y tenga accesos fáciles y seguros. 

– Darle vida con nuestros relatos y cuentos a torres y castillos de arena es muy necesario para el juego. Al diseñar un arenero, deberemos tener en cuenta su drenaje para lograr que el agua no se acumule.

– Hamacas y demás elementos pueden estar integrados en un mismo sector y fijados al suelo con materiales como arena, chips, césped y lajas de goma. Por debajo de los mismos, podemos hacer un colchón para amortiguar las caídas. 

– Un arco móvil con rueditas en su base para jugar al fútbol. Así evitaremos que la pelota no resulte destructiva. 

– Un sendero hecho de material funciona como una bicisenda para sumar carritos, cochecitos, patinetas y monopatines.

– Área verde: es mejor que tengamos pocas especies y que sea bien despojado. Las plantas no deberán tener espinas y cuidemos de evitar las plantas tóxicas. Está bueno que haya polinizadores, como las margaritas, para atraer mariposas. Los árboles convenientes son siempre los caducos, para que en invierno penetre el sol 

– Es necesario un banco cerca de los juegos así acompañamos y cuidamos nuestros más valiosos tesoros, nuestros hijos.

– Las especies bulbosas y herbáceas resisten mejor el pisoteo y el juego de los niños. Ejemplo: coronas de novias, laurentinos nanas, agapanthus, hemerocallis, anémonas, crocosmias, lantanas, cosmos, salvias, coreopsis verbenas, iris, entre otras.

Podemos pensar estos sectores como transitorios que, tarde o temprano, pasarán a ser lugares para actividades adultas; pero también podemos pensarlos como zonas fijas que, luego de nuestros hijos, las usarán los nietos.

Enseñar a plantar

Los niños son más aficionados a la huerta que a las flores. Su mayor alegría es ver crecer  plantas comestibles para disfrutar y compartir con la familia. 

Un equipo completo de huerta para niños puede ser un gran regalo, que además es fácil de encontrar. Debe incluir: semillas, compost, palas, cubos, rastrillo pequeño.

¡Feliz día del niño para ellos y para todos los que, por espíritu, son protagonistas también de este espacio!

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