Identificando el suelo del jardín

El suelo es vital para las plantas. Sostiene las raíces, almacena los alimentos y proporciona los nutrientes, el agua y el oxígeno. Conocer el suelo que tenemos en nuestro jardín es clave para saber qué plantar y qué cuidados tener. 

Las plantas se desarrollan en parte en el aire y en parte en el suelo; y en ambos casos, las dos formas son dependientes y complementarias entre sí. En su totalidad, ésta depende del suelo en el que se encuentre. La raíz toma agua de allí, así como nutrientes y oxígeno; y las hojas captarán energía y dióxido de carbono.

El suelo normal de nuestro jardín presenta diferentes capas u horizontes. La primera es de color oscuro debido a la presencia de materia orgánica y humus. La segunda es más clara que la anterior, de textura más fina y menos fértil, hasta aquí llega el agua de lluvia. La tercera está compuesta por material original o roca madre formadora de suelo.


El suelo ideal está compuesto por 45% de partículas minerales que provienen de la desintegración de las rocas y sus fragmentos (fósforo, potasio, calcio, magnesio, azufre) y por compuestos de origen biológico (5% de materia orgánica). Éstas han sufrido modificaciones por factores como viento, agua, vegetales, animales, erosión y el hombre. También se compone por una proporción de materia viva como vegetales, insectos, hongos, bacterias animales. La materia muerta y en descomposición, constituyen el humus de lombriz .

Entre las partículas orgánicas e inorgánicas del suelo, se forman los poros que son ocupados por un 25% de agua y otro 25% de aire. Teniendo en cuenta el tamaño de las partículas que forman el suelo, podemos dividir según su textura.

Suelos arcillosos 

Tienen una textura fina al tacto, además de ser suaves y pegajosos. Son impermeables al agua y al aire. Su estructura laminar es tan densa que ante la falta de agua se contraen tan fuertemente que se resquebrajan. Retienen con eficiencia la humedad y los nutrientes, pero en época seca, se agrietan, y en época húmeda, se anegan. Muy difícil de trabajar en ellos, pero son un gran reservorio de nutrientes.


Para contrarrestar, se recomienda la incorporación de arena para aflojar el suelo en su profundidad, y de compost, que mejora su estructura. Plantas adecuadas para este suelo: Acer, Berbería, Campanula, Clementes, Cotoneaster, Evónimo, Forsythia, Hemerocallis, Kenia japónica, Lonicera japónica, Rudbeckia, Sedum, Viburnum Tinus, Cyperus, papyrus, Glicinas, Palmeras, entre otras.

Suelos arenosos 

Al tacto son secos y ásperos, llamados livianos, y son de textura gruesa. Existen 5 diferentes tamaños de arena, y no llevan agente patógenos. La arena otorga porosidad y oxígeno, ideal para plantar césped. La arena de río, sin sal, es excelente para la jardinería.

Además, son permeables al aire y al agua, pero tienen un contenido bajo en nutrientes. Los reconocemos al tomar una porción y ver cómo se nos escapa entre los dedos.


Este tipo de suelo se seca rápidamente, no retiene los nutrientes y requiere mayor mantenimiento, aunque al principio sea más sencillo trabajarlo. Es apto para el cultivo de hortalizas con agregado de materia orgánica.

Para aumentar la humedad del suelo y la cantidad de materia orgánica, se debe agregar turba que retiene el agua durante los diez primeros años.

Plantas adecuadas para este suelo: Abutilon, Achiras, Achilleas, Berberis, Árbol de judía, Cotinus, Clavel, Clavelina, Eleagnus, Dodoneas Viburnum, Mahonias, Lavanda, Malvones, Geranios, Romero, Amapolas, Retama, Agaves.

Ejemplo de zona: costa marítima.

Suelos limosos 

Ricos en humus, retienen el agua, el aire, el calor y los nutrientes gracias a su estructura densa. Para reconocerlos, debemos desmenuzarlos entre los dedos y observar si poseen una buena estructura que se mantiene unida, sin romperse. Contienen limo, elemento mineral intermedio entre arcilla y arena.

Una gran ventaja es que tienen una buena cantidad de nutrientes. Es la capa superficial que queda cuando se retiran los ríos y depositan un sedimento, por ejemplo en el Delta.



Este suelo requiere de un especial cuidado biológico, de una labranza suave, y se recomienda la incorporación de compost y coberturas que aumentarán su fertilidad.


Plantas adecuadas para este suelo: Azaleas, Jazmines, Ceibos, Hortensias, Clivias, Anémonas, Gardenias, Acanthus, Buxus, Sauces, Casuarinas, Acacias, Salvias, Caña de ámbar y Alpinias

A través de la incorporación de materia orgánica, compost casero o comprado, resto de material de poda, césped cortado y triturado, pinocha, estiércol seco, resaca, compuesto de lombriz, harina de sangre, harina de hueso y arena gruesa se puede mejorar la textura del suelo. La materia orgánica mejora la humedad, el drenaje y la textura del suelo.

María Laura Vidal Bazterrica – Paisajista – @itasflowers

Contacto: 15-4991-6073 – marialaravidal@hotmail.com 

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