Rosales

Por María Laura Vidal Bazterrica.

Las rosas son flores que con su gracia perfecta y ligera visten, alegran e iluminan todos los rincones de la casa, adornando los jardines y balcones, siendo siempre protagonistas por la elegancia de la disposición de sus pétalos, el brillo de los colores y su perfume.

Un poco de historia

En Europa y América se hallaron fósiles que hacen suponer que las primeras apariciones de estas flores fueron hace más de treinta millones de años. Se cree que eran pequeñas flores de sólo cinco pétalos. Justo antes del nacimiento de Jesús, Heródoto y Teofrasto documentaron la existencia de una mayor cantidad de pétalos: hasta sesenta y cinco pétalos por flor.

Aquellos rosales florecían sólo dos veces al año. Cuando las primeras variedades chinas se introdujeron en Europa, los rosales desarrollaron la característica típica de su reflorecimiento durante la estación templada. Fueron las primeras “rosas de Bengala” y  “rosas de té.”  Por lo tanto, los antiguos rosales europeos (rosa chinensis y rosa de té) son los responsables de esa característica que tienen los actuales de producir muchas floraciones desde la primavera hasta el otoño.

Cómo utilizar los rosales en el jardín

  • Para revestir una empalizada, un farol o un armazón en arco: rosales con sarmientos.
  • Tapizantes como contención en taludes: rosales rastreros.
  • Pérgolas y glorietas con variedades sin espinas: rosal banksiae.
  • Canteros por delante con fondo verde.
  • Macetas al sol.
  • Colgantes en balcones y terrazas.
  • Bulevares y avenidas en masa.
  • Variedad utilizada como arbolitos de copa para entradas de edificios y casas.
  • En los diseños de piso con baldosas, armando manchones de variedades enanas.

 Los secretos del rosal

Los rosales son sencillos de mantener y sólo debemos tener en cuenta  cinco puntos:

  1. Podar en julio.
  2. Fertilizar el suelo adecuadamente. Estiércol. Humus de lombriz y compost.
  3. Buscar la ubicación correcta con respecto a muchas horas de sol.
  4. Debemos estar atentos al ataque de hongos y hormigas.
  5. Y por último, pero no menos importante: paciencia para saber esperarlos crecer.

 

 

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