Que ninguno se prive de sonreír

niño

El domingo próximo se celebra el Día del Niño en nuestro país, una fecha que, sin dudas, los chicos esperan con entusiasmo y con gran ilusión. La gente camina con prisa por las calles y hace cola en las jugueterías. Corren tras los descuentos a la vez que las noticias anuncian que el precio de los juguetes aumentó. Y así, en medio de tanto ajetreo, nos hundimos más y más en lo que “nos consume”, en lo que a veces nos impide ver más allá.

Texto: Lucila Jordán

Recuerdo con una mezcla de cariño y melancolía la canción “Los juguetes y los niños”, que mi mamá solía cantar. Tanto la cantaba, que se grabó en mi memoria, y creo que a ella también le daba un poco de tristeza la letra. Sin embargo, estoy segura de que había un mensaje detrás de todo aquello: de alguna manera, mamá intentaba mostrarnos qué era lo verdaderamente importante en la vida. Nos enseñaba, sobre todo, el valor de lo que teníamos, a cuidar nuestras cosas y a cuidarnos entre hermanos, siempre con la premisa de que había chicos que no tenían ni un pedacito de lo que nosotros teníamos, o la familia que nos había tocado. Nosotros no gozábamos precisamente de grandes lujos materiales, pero siempre recibíamos un detalle en la fecha de los niños, un gesto de cariño, que por pequeño que fuera, nos alegraba y hacía sentir agradecidos, a la vez que íbamos cultivando en nuestro interior el valor de compartir y pensar en aquellos que menos tienen.

Por eso, en este día vuelvo a pensar en lo verdaderamente importante, a pensar en regalar a los chicos nuestro amor, más allá de aquel juguete que, sin duda, los alegra. A brindarles cariño, atención y afecto. Pienso que los niños necesitan más que nada nuestro tiempo, ese tiempo que a veces está lleno de ruidos, de tecnología y consumismo.

Vuelvo a reflexionar sobre la importancia de regalarles a nuestros chicos una infancia feliz, en la que la felicidad no sólo venga envuelta en un colorido papel, sino que esté cargada de momentos compartidos, de juegos, de risas, de abrazos y de paseos. Que la infancia sea más bien ocasión de aprendizaje de aquello que es esencial e importante: el valor de las pequeñas cosas, el aprender a compartir y el brindarnos con amor a los demás. Sin perder de vista que lo importante no es un juguete en sí mismo, sino más bien, el tener alguien con quien jugar. Y esto sin olvidarnos de aquellos que menos tienen. Que no exista ni un solo niño en nuestra querida Argentina que en este día -y todos los días-, se prive de recibir amor, de jugar y sonreír.

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