Mi casa, un ideal

Juan Galeano, el Cabe para los amigos, cuenta que pensaba en tener su propia casa desde muy chico. Cuando con Magalí, su mujer, escucharon de Eidico Casas por primera vez, estaban esperando a su hija, quien parece que desde la panza se aseguró de tener una casa donde crecer.

“Crecí en La Horqueta, en la calle Padre Acevedo donde nos la pasábamos en la calle, jugando al fútbol. Y sin buscarlo, cuando llegué a CSM me di cuenta de que era una copia. Llegás a la cuadra y ves a todos los chicos sueltos”, así Juan Galeano comenzó a contar sus impresiones del barrio.

Queríamos meternos en su cabeza y conocer cómo se había gestado el anhelo por la propia casa, esto es lo que nos contó: “Empecé a pensarlo desde chico, por una situación particular de mi familia. Somos ocho hermanos, mamá quedó viuda cuando el mayor tenía 18, yo que soy el séptimo en ese momento tenía 3. Cuando se murió papá lo único que teníamos era la casa, por eso siempre la vi como una protección muy grande que no tuve tal vez con mi viejo. La casa era todo, y nos esforzábamos por tratar de cuidarla y mantenerla”. Sus palabras quedaron confirmadas una vez adentro de su casa con fachada moderna, impecable con detalles que delatan un ojo estético avispado y un enorme cariño por lo logrado.

Antes de mudarse a Villa Nueva, Juan y Magalí esperaban la entrega de su casa en un departamento prestado en Recoleta, después de haber estado alquilando primero uno en San Isidro, recién casados, y luego en Palermo, para acercarse un poco a sus trabajos. Tuvieron la suerte de que el departamento prestado se pusiera a la venta junto a su mobiliario, y así fue como consiguieron comprar la mayoría de sus muebles a precios increíbles. “En mi casa vivíamos con dos con cincuenta. Mamá era catequista, se ve que aprendí de ella la administración”, explicó con una sonrisa.

Juan es simpático y exigente, no duda en usar el plural al hablar de su barrio. Lo conoce bien, al igual que a sus vecinos. Conoce las necesidades puntuales de los primeros mudados y tiene interesantes propuestas para seguir creciendo. “Tengo el teléfono abierto para hablar con Agus –se refiere a Agustín Morgan, Jefe de Proyecto de Casas de Santa María-, puedo sentarme a hablar con Nicolás -Director de Eidico Casas-, es importante que tengan en cuenta lo que uno recomienda porque si nos hace bien a nosotros y al barrio, le hace bien también al futuro de Eidico”, sostuvo convencido. Nos impresionó lo mucho que Galeano conoce a la empresa, y es que hace años que visita las oficinas de Av. Agustín García 9501 porque antes de suscribir a Casas, Juan tenía un lote en Haras Santa María, un barrio de Eidico en Escobar.

“Era algo nuevo, algo factible de pagar, y cuando lo escuché me cerró por todos lados, mi mujer me decía ‘tranquilo, tranquilo’ pero cuando averiguamos un poco más, los dos nos convencimos”, así recuerda la primera reunión informativa del proyecto y las reflexiones que le siguieron. “Alquilar es tirar plata a la basura”, afirmó y aclaró: “Cuando te ponés a comparar el valor de una casa con tu sueldo decís “es imposible”. La única alternativa que nos quedaba era pedir un crédito. Pero cuando surgió la posibilidad de suscribir a Eidico Casas se hizo más fácil la decisión. Los créditos son a veinte años; Eidico, la mitad. Me quedo con Eidico”.

Una vez adentro del proyecto y pasada la primera adjudicación comienza la obra de las casas y el tiempo se hace notar. Nos intrigaba saber cómo se vivió la espera en su familia: “No veía el momento de estar poniéndole el foquito a la casa. Viajamos a Miami y en Ikea nos compramos muchas cosas, cuando volvimos queríamos estar acomodando todo”.

¿Un balance de lo que fue tu primer año desde la mudanza? “Llegar a mi casa es otro mundo. Es otra vida. ¿Qué me cambió? Todo. Yo estaba en Capital y mi familia en provincia y me perdía de todo. Quizás hoy estoy menos con mis amigos de toda la vida y más con los del barrio. Eidico nos dio una posibilidad. De otra manera hoy estaríamos en un departamento de dos ambientes. Estoy feliz de la vida en esta casa. Fue lo mejor que me pudo haber pasado, la mejor decisión económica que tomé en mi vida. Pudimos hacer una pileta, e invitar a otros, y reviví eso tan lindo que sentía de chico cuando invitaba a casa”.

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