Las decisiones del comienzo de clases

Columna: Maritchu Seitún

¿Cómo logramos congeniar los horarios de nuestros hijos para que ni ellos ni nosotros nos volvamos locos? Maritchu nos cuenta qué es lo mejor para que la rutina y las actividades extraescolares sean de verdad un disfrute, cuán importante es que pasen tiempo con sus hermanos, se aburran y tenga tiempo libre que fomente su creatividad. ¡Escuchémosla!

El calendario escolar nos obliga a tomar muchas decisiones. Esta vez no son las principales, esas ya las tomamos cerca de fin de año cuando decidíamos o no pagar la matrícula; mandarlos a simple o doble jornada; sala de dos o se queda en casa.

Ahora se trata de ver cómo armamos el rompecabezas de horarios. Natación para la postura, ortodoncia, plantillas para el pie plano, RPG, yoga para el ansioso, psicopedagoga, psicóloga, fonoaudióloga, terapia ocupacional. Hockey, arte, rugby, comedia musical. Horarios que deben encajar entre que vuelven del cole y mamá o papá llegan de trabajar, y la hora de acostarse. El cronograma es complicado y cansador, y más cansador con el correr de los meses.

Entonces, hagamos planes realistas y cumplibles, que no nos estresen y que tampoco nos pasemos las tardes apurándolos y retándolos. Que les quede tiempo para jugar, para aburrirse, para inventar… o ¡para hacer la tarea!

Es verdad que cuando tienen muchas actividades los chicos se pelean menos, ven menos tele, usan menos la play y no nos demandan tanto. Pero eso se convierte en un círculo vicioso: al estar siempre ocupados y entretenidos, no saben estar solos ni inventar nada y enseguida empiezan a molestar, a pelearse, o no sueltan la tablet. Los padres les organizamos actividades para que eso no ocurra, y cada vez les cuesta más divertirse.

Armemos agendas que incluyan tiempo libre, para jugar, para inventar, para aburrirse, tiempo para estar solos, con hermanos y también con nosotros.

Pese a lo que podamos temer, Mariana, de siete, no se va a quedar sin amigas si es la única que no va a danza los martes. Y Juan, de nueve, no necesita hacer tres actividades por semana para descargar. Por el contrario, pensemos si la ansiedad de Juan no se debe a que está demasiadas horas ocupado.

Dos edades críticas: preescolar con doble escolaridad y primer grado. En lo posible, es bueno que no tengan ninguna actividad extra hasta que se acostumbren al ritmo de la doble escolaridad. Son chiquitos, se cansan y extrañan los largos ratos de jugar en casa sin tantas pautas.

Pasemos la tele y la play de los dormitorios a los lugares comunes. Así es más fácil controlar qué ven y a qué juegan y no se acostumbran a dormir con pantallas. También aprenden a compartir y a tomar turnos, y no se encierran tardes enteras en su cuarto.

Vale la pena hacer convenios nuevos para el período escolar de qué esperamos de ellos: a qué hora entran de jugar, cuándo hacen la tarea, si pueden invitar durante la semana, a qué hora pueden usar la play, o ver televisión, a qué hora se acuestan, el orden de los baños, a qué hora comemos durante la época de clases, y que todos (padres incluidos) comemos sin pantallas. Parece un plomo establecer estas rutinas y hacerlas cumplir, pero la realidad es que el tiempo libre escasea y esto los ayuda a organizarse.

Un último tema: armemos equipo con el jardín o colegio de nuestros hijos. Nosotros lo elegimos y cuando nos enojamos o lo criticamos delante de los chicos, dejamos a los docentes sin herramientas para actuar (lo mismo pasa cuando papá critica a mamá delante de los chicos o viceversa). Los chicos necesitan saber que confiamos en esa institución donde están tantas horas y que delegamos nuestra autoridad en los docentes. Cuando algo no nos guste, vayamos a hablar, entre adultos, ayudemos a la institución a mejorar para que nuestros hijos puedan seguir yendo. Y si no logramos nada… eventualmente pensaremos en un cambio, ¡pero ese es un tema para dentro de muchos meses!

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