El lado B

Por Lucila Jordán – @lulijordan

Existen personas que nacen, o crecen, con una vocación bien marcada. Como si en sus genes estuviese tatuada la respuesta a esa pregunta tan recurrente que nos suelen hacer a todos cuando somos chicos: ¿qué vas a hacer cuando seas grande? 

Josefina, ya lo sabía. Siempre supo que lo suyo eran las leyes, el Derecho; al igual que su papá y su hermana. Entonces, sin dudarlo se abocó a trabajar, y a estudiar. Fue medalla de oro al graduarse, realizó un posgrado y hasta dio clases en la facultad.

En los pocos ratos libres que le quedaban, Jose tomaba clases de canto, participaba de un grupo de comedia musical y componía canciones. Desde muy chica, canta y toca la guitarra. Le apasiona. Sin embargo, la mayor parte de su tiempo los pasó entre libros y expedientes. 

A pesar de lo feliz que su profesión la hacía sentir, a los 29 años algo empezó a inquietarla, y surgió una pregunta: “¿Quiero dedicarme a esto toda mi vida?”

Quizá había mucho más por explorar, por descubrir, por disfrutar en la vida de Jose. Quizá un talento relegado empezaba a golpear despacito, o no tanto… buscando ser escuchado y atendido.

Una pregunta que inquieta, ¿quién soy?

Será tal vez porque venimos de generaciones en las que se nos han enseñado que hay que estudiar, trabajar y ganarnos la vida con una profesión. Y son menos los que se animan a desplegar sus alas, a tomar una hoja en blanco y describirse enteramente.

En general cuando conocemos a alguien y se presenta suele decir: “me llamo Juan Pérez, y soy Contador”. Cuando en realidad, el trabajo es solo un pequeño porcentaje de lo que somos en nuestra totalidad. Si pudiésemos tomar una radiografía de quiénes somos en esencia, posiblemente nos sorprenderíamos. Y si pudiésemos ver también nuestros dones y talentos, es decir, todo aquello que es innato en nosotros, llegaríamos a descubrir aspectos quizá desconocidos.

En la charla que compartí con Jose, le pedí que se definiera, a lo que me respondió entre risas que le resultaba difícil. Fue entonces, que le propuse pensarlo con tranquilidad y la invité a enviármelo más tarde por escrito.

Con esto quiero decir que no siempre tenemos tan presente quien somos en nuestra totalidad. Hay rincones donde seguramente se escondan uno y mil talentos. Hay un mundo infinito de posibilidades dentro nuestro, y si no escarbamos, si no activamos la curiosidad, quizá queden durmiendo por siempre en nuestro interior.

Si de pulir talentos hablamos

Jose conocía su don musical, lo que no sabía era que podía integrar la música a su vida tanto más de lo que hasta ahora lo había hecho. Podía trabajar más en menos horas. Podía convencer a su papá y jefe, y sobre todo, a ella misma, de que era posible esforzarse más aún para poder hacerse de ese tiempo que la música le estaba pidiendo. Cabe aclarar que es autoexigente y perfeccionista; con más razón entonces, estaba dispuesta a aprovechar cada minuto.

Entonces empezó estudiando una Tecnicatura para adquirir herramientas y afianzarse como profesora; y de un alumno pasó a tener siete; a la vez que seguía tomando clases de comedia musical y canto. Es en este momento cuando empieza a reducir su horario laboral, no mucho, pero sí lo necesario como para poder atender aquel talento postergado que a esta altura, ya golpeaba con fuerza.

Por casualidad, pensarán aquellos que creen en el azar, o quizá por causalidad, porque así debía ser, no hacía mucho tiempo, Jose y Agustín, su actual marido, se habían conocido en un boliche. Momento en que él estaba escribiendo su primer libro «El sol no te espera», el cual relata cada momento de un viaje a caballo de Buenos Aires a Bariloche, que hizo con su mejor amigo, luego de renunciar a su trabajo en una multinacional; libro que habla de sueños postergados, de una vocación rezagada, pero al final escuchada. Historia que interpeló a Jose, la animó e inspiró a conectar con sus propios sueños.

En diciembre de 2018, en un viaje con amigos a Costa Esmeralda, compone el tema “Vos ahí”, canción que cuenta la historia de cuando conoció a Agustín. “Fue un hit entre nuestros amigos”, me dice entre risas. Y al poco tiempo, surgen las ganas de grabarla. Una vez grabada, la canción, no sólo era aclamada por el entorno íntimo, sino también por el de Spotify, YouTube e Instagram.

Y así como quien no quiere la cosa, el 10 de mayo de este año, salía en todas las plataformas digitales, un disco titulado “Vamos”, con siete temas compuestos por Jose.

Ser inspiración

Mientras escribo esta nota, el álbum de Jose suena de fondo. Las letras de sus canciones hablan por ella: “… ya no hay más tiempo, hay que salir en busca de un momento…”. “…yo ya sé que al final podré desvestirme de mis miedos y cantar esta canción…”.

Y pienso en la valentía de Jose, en sus ganas plasmadas, en sus miedos enfrentados; y en que todo es posible si buscamos la manera. 

“Mi sueño es que las personas se sientan identificadas con mis canciones y que algún día pueda llegar a ser inspiración para los demás”.

Sin dudas, esto dejó de ser un sueño para convertirse en un hecho. Sus letras calan hondo, interpelan; su voz invita a contemplar, a reflexionar y a preguntarnos: ¿Qué pasaría si nos animáramos a hacer aquello que siempre soñamos? ¿Qué podría salir mal?

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