Inclusión educativa: llegar a los niños a través de los padres

En nuestro ciclo de vivos de esta semana charlamos con María Eugenia Di Tullio, directora y fundadora de Hacer Lazos, fundación que tiene como meta transformar el sistema educativo. Nos contó cómo trabajan en tiempos de aislamiento con aquellos chicos que necesitan terapias y adaptaciones; cómo se logra un aprendizaje basado en la comprensión; y qué herramientas se necesitan para hacer brillar a cada chico en su singularidad.

La misión de Hacer Lazos es transformar la educación y generar aprendizajes de calidad para que cada niño pueda llegar a su máximo potencial. Cuando un niño brilla según su singularidad, puede generar un cambio profundo. Al comenzar su labor en inclusión educativa, Maru Di Tullio, su fundadora y directora, se fue dando cuenta que el sistema educativo era obsoleto para todos los niños, no solamente para aquellos a los que trataban de incluir. Recorrió el mundo en busca de otros modelos de innovación que se sostuvieran en el tiempo. En España, conoció a Montserrat del Pozo, monja líder en innovación educativa, y con ella se embarcó en la misión de transformar el sistema educativo de nuestro país. «Pensamos juntas cómo llegar a que los docentes puedan lograr que las aulas sean heterogéneas y que los alumnos se enamoren del aprendizaje. Formamos docentes para explicarles cómo hacer la innovación en la currícula, en la evaluación, en su propio rol que deja de ser un superior y se transforma en un guía», nos cuenta Maru.

Proceso de inclusión 

  • Los padres son los que se acercan a Hacer Lazos gracias a la recomendación de terapeutas, colegios y otros padres.
  • Primero se conoce a los padres, luego al niño.
  • Se asigna un acompañante que sea humanamente apto, todo lo demás se aprende. Puede ser un psicólogo, psicopedagogo o terapista ocupacional.
  • Hoy cuentan con 140 niños en el programa de acompañantes.

Diagnóstico no es sinónimo de déficit

  • Tener un diagnostico no define el ser de nadie. Desterrar esa idea de padres, colegios, sociedad en general.
  • Confiar en el niño es la base de su crecimiento.
  • Hay normas que cumplir, pero no existe lo normal o lo anormal. Cada uno construye su forma de hacer y de estar.

En la infancia el diagnóstico se escribe con lápiz

  • El diagnóstico es sólo una clasificación. Pero no define el ser de nadie.
  • Maru lo escribe con lápiz y deja abierto el escenario. Cree firmemente en que un chico puede cambiar completamente. El lápiz otorga la flexibilidad de borrar y volver a escribir.

Con un gran equipo de coordinadoras que acompañan a los profesionales, hoy se está trabajando en forma online. Principalmente, se procura contener a los alumnos desde lo emocional, tratando de adecuar el material del colegio a la singularidad de cada chico. Con los acompañantes presentes en las plataformas virtuales como Zoom o Google Classroom, se busca ser puente entre los docentes y los chicos.

Con aquellos chicos a los que les resulta amenazante la pantalla, se trabaja vía audio o mail a través de los padres. También con actividades para que los padres hagan con sus hijos.

Los chicos son muy apegados a sus rutinas, por eso los primeros días estaban muy enojados con todos estos cambios. Se fue trabajando en los hábitos para adecuarse a la nueva normalidad.

Padres protagonistas

  • Tienen una gran oportunidad para conocer a sus hijos que normalmente pasan mucho tiempo fuera de casa en colegio y terapias.
  • Es importante mantener rutinas fijas para no generarles crisis (especialmente los chicos con autismo), y anticipar cuando haya grandes cambios.
  • La confianza de los padres en sus hijos es la base del cambio. Ni siquiera los terapeutas pueden más que los mismos padres. Nadie los conoce mejor.
  • Descubrir qué les genera más tranquilidad y repetir esos momentos.
  • Promover el vínculo social con otros compañeros para desarrollar estas habilidades.

Llegar a los chicos a través de los padres

  • Sin agobiarlos, es una oportunidad para desarrollar habilidades e inteligencias múltiples, tanto para los chicos como para los padres.
  • Es importante que los padres se sientan educadores y adquieran habilidades como empatía, resiliencia, flexibilidad, comunicación de infinitas maneras, colaboración, autonomía, creatividad. No intentemos darle respuesta a todo, que ellos mismos experimenten, que se equivoquen y que aprendan.

Hacer brillar la singularidad

  • Sería maravilloso que cada padre pueda descubrir cuál es el mayor potencial de su hijo. Para el acompañante es más fácil porque están abocados a ese niño en particular.
  • Estar atentos a cómo reacciona cada hijo con cada contenido.
  • Tener en cuenta las competencias adquiridas y no la cantidad de trabajo realizado.
  • Con hermanos, no olvidarse de los que no tienen ningún diagnóstico, ellos también nos necesitan. Y explicarle al que sí tiene diagnóstico que sus hermanos también necesitan de sus papás.

Aulas heterogéneas

  • Se refiere a las aulas en donde haya chicos que hagan distintas cosas, y que puedan alojarse diferentes maneras de aprendizaje. Confiar en las singularidades de cada niño.
  • Lo más importante es la transformación de la currícula, del docente, y por último, del espacio.
  • Seguir con las terapias virtualmente es importante; así el chico se siente contenido.

Método de evaluación

  • Evaluación enfocada en la comprensión, en la que no hay una nota sino un feedback para que pueda mejorar.
  • Es un proceso de aprendizaje, debe dejar una riqueza. No es para sancionar, eso mata la autoestima.

Maru es una convencida de que la educación tiene que tener una estructura y un orden, pero siempre con flexibilidad y singularidad. «La filosofía ecléctica de Montserrat del Pozo integra elementos que nos pueden servir a todos», dice.

Que el aprendizaje sea una fiesta

Estando en casa, los chicos quieren pasarla bien. Intentar que los de primaria jueguen, se rían. Que los colegios manden contenido curricular, y que lo opcional y más recreativo lo puedan generar los padres que son también educadores.

«Mi mayor respeto y admiración a acompañantes y padres. Han generado una gran tolerancia a la frustración, a la angustia y a los miedos que es para sacarse el sombrero. A los niños, mis felicitaciones por el compromiso y todo lo que están logrando. A los maestros, que sé por la crisis y el desafío que están pasando, les pediría que nunca dejen de sentir amor por educar», concluye.

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