La flora de nuestro Delta

Texto: María Laura Vidal BazterricaFotos: Pachu Tufro

El Delta del Paraná es, en sentido geográfico, parte de la Mesopotamia y está considerado como uno de los deltas más grandes del mundo. Tiene una superficie aproximada de 14.000 km2 y una extensión de de 320 km. Nace a la altura de la ciudad de Diamante, en la provincia de Entre Ríos y es el único gran delta del mundo que no desemboca en el mar.

La presencia de grandes espejos de agua y la escasa altitud produce un microclima que favorece la proliferación de especies animales y vegetales. Entre las especies vegetales más comunes se encuentran árboles como el Sauce, el Ceibo, el Aliso de Río, el Coronillo, la Casuarina, el Caquis, el Lapacho y el Espinillo, la Caña de Ámbar, las Hortencias, los Juncos y Junquillos, las Madreselvas, las frambuesas salvajes y los cítricos sobre los cuales proliferan epífitas (plantas que crecen sobre otros vegetales, usándolas de soportes) como los Claveles del Aire y las Barbas de Viejo.

Las áreas parcialmente inundables tienen una población de pastos altos, resistentes a periódicas inundaciones, de bajo valor nutritivo para el ganado.

Como palustres en las aguas del río o estancadas crecen el Junco y la Espadaña. Flotando en los bañados abundan las plantas acuáticas, como camalotes y repollitos de agua. En las márgenes de los principales brazos del Río Paraná, en su sección deltaica, prospera la especie Pindó (Syagrus romanzoffiana) de la familia de las palmeras, que han sido taladas, casi en su totalidad, desde finales del siglo XIX y se la considera una especie en extinción.

Desde fines de siglo XIX el ser humano ha introducido especies exóticas que se han aclimatado muy bien: Álamos, Ciruelos, Duraznos y diversas especies de cítricos, incluso Coníferas. También podemos encontrar el Formio, el Mimbre y el Pecán que representan fuentes de trabajo para los habitantes de las islas.

Las principales amenazas que enfrenta esta región son la deforestación para la siembra de soja o cría de ganado, la contaminación de las aguas y rellenado de áreas inundables, la introducción de especies exóticas (como el ligustro), la sobrepesca y la caza de animales silvestres.

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