¿Cómo comenzamos cada día?

Podcast: Maritchu Seitún

Las mañanas suelen ser complicadas. Ni que hablar cuando tenemos que despertar a los chicos para ir al colegio, cuando todavía no hay luz y el invierno pisa fuerte en la madrugada. Que ese primer momento del día no se convierta en una guerra campal entre padres e hijos es un gran propósito que cuesta mucho sostenerlo en el tiempo. ¿Cómo hacer de esta rutina, un ritual placentero? Maritchu Seitún nos da un par de consejos que ayudarán a evitar un par de portazos, malas caras y gritos.

Las mañanas no suelen ser fáciles. Pero la imagen de esa media hora que compartimos en familia nos acompañará durante todo el día.

A algunos chicos les cuesta irse a la cama y, por lo tanto, también levantarse. Otros, se acuestan temprano y se levantan al alba llenos de ideas y buen humor, ¡hasta los fines de semana!

¿Cuáles son los principales problemas, o temas generadores de conflictos? Están los que se levantan de mal humor, los que les cuesta salir de la cama, los que se quejan porque no tienen lo que necesitan, ¡porque no lo prepararon la noche anterior!

Corremos, gritamos, discutimos, amenazamos; arrastramos hijos, mochilas, palos de hockey, guitarras y equipos de gimnasia hacia la puerta, salimos a los empujones y con ese ánimo nos despedimos en la puerta del colegio. Es difícil tener un buen día en el colegio o en el trabajo si lo último que dijimos o escuchamos fue “mañana los dejo en casa”, “me tienen harta”, “apuráte”, “todos los días la misma historia”.

Hoy les propongo algunas ideas para tratar de hacer del despertar y las mañanas un ritual más placentero.

En primer lugar, intentemos estar despiertos y de buen humor para acompañar a nuestros hijos cada mañana. En mi caso personal implicaba despertarme un rato antes para tomar sola mi desayuno. Pero cada uno sabe cuál es su fórmula.

Hagamos convenios con nuestra pareja para repartir las tareas. ¿Desayuno igual para todos o menú a la carta?, ¿quién prepara el desayuno?, ¿quién se ocupa de que los chicos se vistan y vengan a la mesa?, ¿quién hace los almuerzos que se llevan? Admiro a las madres que todas las mañanas preguntan a cada hijo qué quiere desayunar. Cada uno sabrá si puede sostener el menú a la carta en su casa o no.

Para no enojarnos, encaremos todo con minutos de sobra, de modo de tener el tiempo para “empujar” a los remolones sin enojarnos y que nadie llegue tarde.

Una recomendación trabajosa pero muy eficaz: a algunos chicos, de verdad, les cuesta mucho despertarse porque después de la noche entera sin comer tienen muy bajo el nivel de azúcar. Los ayuda tomar en la cama un vasito de jugo de naranja recién exprimido porque les ofrece azúcar, y porque para tomarlo necesariamente tienen que terminar de despertarse (no pueden tragar cuando están dormidos). Además, con ese mimo especial les da ganas de hacernos caso, en lugar de hacernos renegar.

Uno de los contratos más eficaces que hice con mis hijos en esta etapa fue este: si les costaba mucho despertarse a la mañana seguramente fuera porque habían dormido poco, por lo que adelantaríamos la hora de acostarse quince minutos por día hasta que se levantaran razonablemente bien, respetando los horarios convenidos. Luego de un par de días de acostarse más temprano, hacían el esfuerzo de levantarse sin chistar para no seguir adelantando el horario de acostada. En una semana de despertares razonables les daba nuevamente la oportunidad de ir corriendo el horario para atrás.

Ultimo tema: ¡reglas anunciadas y cumplidas en asamblea familiar! Si dije que el que no estaba en le auto a las ocho se quedaba y se iba en un remise pagado por él, a las ocho tengo que irme para que no se acostumbren a que mamá es “pura espuma”: grita, grita, pero me espera.

Con algo de imaginación, de capacidad para negociar y abundante paciencia encontraremos el mejor camino para cada hijo, porque en definitiva no todos responden bien al mismo estímulo. Encontrarlo nos ayudará a todos a tener mañanas más felices.

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