Al maestro, con cariño

Qué año especial para decir “feliz día” a nuestros educadores. Este aislamiento dio vuelta la manera de enseñar y de aprender. Nos enrostró lo mejor y lo peor y lo distinto, muy de golpe. A todos nos obligó a cambiar. Pero después de varios meses de encierro, ya vemos algunos frutos positivos que deja esta nueva forma de hacer todo. Y en términos de educación, ¿alejarnos de las aulas no nos acercó de otras maneras? Es lo que queremos mirar de cerca hoy. Por eso, de la mano de distintas voces educadoras, vamos a recorrer los desafíos de este año lectivo tan atípico, pero también eso que nos hace sonreír y decir “feliz día del maestro” con orgullo y bien fuerte. No sabemos cuándo volveremos al cole, a correr en el recreo, a firmar un boletín de papel. Ni cómo será todo eso que antes formaba parte de nuestra vida cotidiana. Pero sí podemos ver huellas lindas de cosas que tuvimos que cambiar y queremos mantener. 

Todavía no terminó y ya sabemos que este fue el año que más nos dio vuelta la vida como la conocíamos. Cuando terminaba el verano y arrancábamos -todos- el año escolar, eso duró cinco minutos y hubo que aprender a aprender en casa. Al principio, por 15 días. Nadie podía anticipar que no habría exámenes trimestrales en vivo por un rato, que el acto del 25 de Mayo se haría por zoom, que las vacaciones de invierno serían en casa. Fue necesario ya no sólo modificar los contenidos sino replantear completamente lo que se enseña, de qué manera y por cuánto tiempo.

El principio del cambio

Como la cuarentena, y como los estados de ánimo de todos, este proceso también fue atravesando fases de incertidumbre, de descubrimiento, de frustración o de sensación de “sí, podemos”. La diferencia es que el sistema educativo no contó con tiempo para prepararse y tuvo que satisfacer demandas internas y de una comunidad entera al mismo tiempo que iba conociendo lo que era necesario hacer y cómo implementarlo. Por eso, ahora que pasaron varios meses, podemos hacer balances aunque sean parciales. 

Es posible reconocer qué herramientas y nuevos recursos fueron dando mejores resultados, qué habilidades hubo que desarrollar y hoy resultan ganadoras, y qué cosas queremos mantener o dejar ir en un futuro. Pero por sobre todas las cosas, también podemos ver que lo que más despertó en todos fue nuevas habilidades como personas. Y eso nos lleva a reconocer el esfuerzo de comunidades enteras que, además de lograr adaptarse, sacaron lo mejor de sí para estar cerca, ayudar a contener, explicar lo inexplicable y articular su trabajo con su vida.

Nueva forma de estar cerca

María Alchourrón es directora de secundaria del colegio San Felipe Apóstol, en Don Torcuato. Como todas las instituciones, se vio obligada de viernes a lunes a replantear la forma de enseñar en un escenario incierto. “Esta situación nos mostró que somos todos iguales, nos puso en la misma bolsa. Todos en familia, encerrados, con nuevas demandas y aprendiendo a manejarlas”, nos cuenta. “En términos formativos, una de las cosas más importantes fue generar espacios de aprendizaje sincrónicos y asincrónicos, porque era clave cambiar la manera de transmitir el contenido propiamente dicho y, a la vez, generar espacios de consulta para contener a los alumnos y ayudar a bajar ansiedades”. En ese sentido, armar un cronograma y un esquema semanal que ordenara las rutinas de grandes y chicos fue clave para contribuir a la creación de nuevas rutinas.

“Al principio, el hecho de perder las clases presenciales cambió mucho la forma de dirigirnos a los chicos y de poder seguir cuánto iban comprendiendo. Por eso, establecer las clases en vivo ayudó muchísimo con su aprendizaje, socialización y capacidad de concentración”, dice Sol Espinosa, profesora de inglés del colegio Michael Ham de Nordelta. “Que los chicos tengan tan naturalizado el uso de la tecnología no significa que estuvieran listos para este tipo de metodología. Al cambiar horarios, rutinas y actividades, ellos tuvieron que desarrollar habilidades como capacidad de organización y autonomía”, agrega. 

Para Roxana Salazar, Directora de secundaria del Colegio Domingo Savio de la Cava, esta coyuntura también los obligó a priorizar urgencias mucho más complejas, porque la formación a través de contenidos educativos es sólo una parte de lo que la escuela brinda todos los días. Porque la escuela educa y además alimenta diariamente a más de 1.800 chicos. Para adaptar el contenido pedagógico se crearon nuevos canales como cuentas de Facebook e Instagram. Y además, imprimieron y repartieron cuadernillos para las familias que no tuvieran acceso a las redes. “Cada maestra armó grupos de Whatsapp con su número personal para enviar tareas, videos y para estar allí para sus alumnos”.

Enseñanza disruptiva

En cualquier caso, la vuelta a lo esencial del rol del maestro fue la diferencia entre seguir avanzando o quedarse atrapado en la ola de la cuarentena. En el desafío enorme de reaprender a enseñar, se vio el ADN de su vocación y esas primeras reacciones los hicieron priorizar cómo contener a los chicos, estar presentes y ayudar a que la “nueva vida” fuera llevadera.

Hemos visto a maestras con grandes sombreros, pelucas y hasta anteojos gigantes para la “hora de lectura” o la clase de matemática. Y todo eso ¿para qué? Para llamar la atención, para distinguirse entre muchísimas caritas dentro del Zoom o el Meet, para mantener a los alumnos enganchados mientras se explica ecuaciones, verbos o las civilizaciones indígenas de Latinoamérica. 

“Aun en la incertidumbre, esa fuerza que tuvimos como equipo se pudo transmitir a los chicos y convertirse en entusiasmo. Nos reinventamos todos y fue muy lindo de ver. Hoy, que podemos hacer un balance, me llena de orgullo”, sostiene María. Y Sol coincide: “fue emocionante el esfuerzo del equipo docente por empaparse de nuevas herramientas y ponerse al día de golpe para estar cerca de los chicos”. 

Read4us, el gran propósito de los audiolibros

¿Cuántos chicos tienen dificultades para leer solos? Hace unos meses, en el inicio de la cuarentena, Mariana Dibar vio claro que su amor por los libros en inglés para chicos podría encauzarse en una gran ayuda. A Matías, su hijo de 9 años, le venía costando concentrarse en la lectura de un cuento para el colegio. Las continuas distracciones lo frustraban, entonces Mariana optó por leer los dos en voz alta y las veces que sean necesarias y convirtieron ese momento de lectura en un momento de entusiasmo y aprendizaje. 

Reviviendo la temporada en Estados Unidos junto a su familia cuando era chica, se llenó de ilusión al buscar compartir esta oportunidad de amigarse con los libros con más chicos. Fue así que la necesidad y el empuje de hacer Audiolibros en inglés tomó forma concreta a través de la cuenta @read4us donde todos los días lee y publica un cuento. 

“Este es el momento de darles un empujón y enseñarles lo maravilloso que es leer”, nos cuenta. El audiolibro invita a escuchar el cuento y así ayudar a niños con dificultades para la comprensión de textos, para que adquieran mayor fluidez, para que focalicen mejor, para seguir la secuencia de los renglones y para mejorar el dominio del lenguaje y las habilidades expresivas.

Además, Mariana ofrece libros Read Along, tanto en inglés como en castellano. Digitaliza el libro solicitado, lo lee y va remarcando cada una de las palabras para que el chico se distraiga menos y a la vez internalice la historia. 

“Una vez me dijeron que cada niño tiene su forma de aprender, sólo hay que ayudarlo a encontrar cuál es la mejor herramienta para él”. 

¿Nueva escuela?

Las tres coinciden en que era necesario un cambio en la forma de educar, que va más allá del aprovechamiento de herramientas digitales. Este aislamiento aceleró el ritmo que traían los replanteos del modelo educativo. Obligarnos a todos a implementar cambios mucho más abruptamente. Y no sabemos cómo será el regreso a la “escuela de antes” pero este parate, que nos obligó a reaccionar rápidamente y dar respuestas, hoy nos deja espacio para hacer con mucha más fuerza esas preguntas que ya venían teniendo lugar en el ámbito de la educación. 

“Hacía tiempo que veníamos trabajando en procesos de innovación hacia un perfil de alumno más protagonista y autónomo. Ahora se suman el trabajo interdisciplinario, las nuevas formas de organizarnos, distintas maneras de evaluar, ventajas de la tecnología… todos son avances que no sólo los docentes valoramos, sino que los padres y los chicos quieren mantener”, dice María. “Los cambios que concretamos hoy nos hacen sentir más capaces, con nuevas habilidades y mucho más seguros de aquello que queremos seguir construyendo hacia el futuro”.

Aprender de la experiencia

Dice Sol: “Sería muy positivo aprovechar las ventajas que esto nos deja, porque el aislamiento nos hizo cambiar de golpe lo que la educación nos estaba pidiendo a gritos. Los docentes pudimos ampliar y adquirir más capacidades, tenemos más cintura a partir de esto. Y no hay techo, podemos mejorar permanentemente. Eso motiva mucho”.

Y concluye Roxana, en la misma línea: “esta realidad nos obliga a todos, sin importar nuestro lugar socio económico, a pensar dónde está parada hoy la escuela y hacia dónde va  -algo que deberíamos haber hecho bastante tiempo atrás- y nos compromete a hacernos mejores preguntas sobre la educación”.

Empatía, cariño, comprensión, flexibilidad y capacidad de escucha son algunas de las cosas que la pandemia nos hizo revisar a todos. Y entre todos. A la comunidad educativa le pasó lo mismo. Y, además, tuvo que ser faro, más rápido y mejor. Por eso, hoy queremos transmitir un “feliz día” muy especial, como la época que estamos viviendo, a todos los que tienen esa vocación linda, noble y hoy tan modificada. 

Ojalá cuando miremos para atrás y recordemos este año raro, sobresalga aquello que nos distingue y agranda como personas. Ojalá nos hayamos sentido igual de desafiados que de contenidos, tan angustiados como acompañados, tan lejos de todo como cerca de lo importante. ¡Feliz día, maestros!

 

Texto: Lucía Oliverio – @luchi.oliverio – www.luciaoliverio.com 

Ilustración: Aldo Tonelli – @aldotonelli

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