Ricardo Darín
Lo más difícil de esta carrera es encontrar estímulos

El actor, al que muchos definen como “el De Niro argentino”, habla de su vida, su familia, de las cosas que perdió y ganó con el tiempo. También cuenta cómo crea a sus personajes, de la importancia que le da a la suerte y de su asignatura pendiente como director.
Sale de la función de Art, la obra que ya lleva más de doce años en cartel y que se exhibió en el teatro Tabaris hasta fines de julio, donde el público lo aplaudió de pie. Pide un minuto para acomodarse en su camarín, saluda cariñoso y divertido como siempre, y se prepara para empezar una conversación en la que recorrerá todos sus roles: actor, padre y argentino. Siempre es amable y entretenido, pero se encarga de dejar en claro su postura, sobre cualquier tema.
Costó coordinar la entrevista porque no para: sale de una película y se mete en otra y, además, las funciones en el teatro. Ahora se hizo un lugar porque terminó de grabar los documentales 181:0. Son 30 documentales de 181 segundos, enfocados en el Bicentenario. “Es ponerle la voz a trabajos de empresas que apostaron al país doscientos años atrás. Aquellos tipos que hace tanto tiempo pisaron estas tierras, reconocieron sus potencialidades y decidieron pensar en grande. Después vino el resto y lo que fuimos haciendo ‘los herederos’ con lo que dejaron. Pero ya terminé, ahora estoy un poco más tranqui, así que charlemos”, desliza Ricardo. Y la charla comienza.
Darín padre
¿Cómo es un día en tu vida?
No es un día, es una noche (ríe). Estoy haciendo muchas cosas, pero son momentos. También tengo tiempo para disfrutar de mi familia, de mis hijos.
Hablando de tus hijos, ¿cómo te desenvolvés como padre, en esta etapa tan difícil de adolescentes?
No tengo una receta. Creo que depende de las personalidades de los padres y de los chicos. Nosotros debemos tomarnos el trabajo de averiguar “objetivamente” cuál es la personalidad de nuestros hijos, porque muchas veces uno, por ser el padre, está inhabilitado a ser objetivo. Pero hay que intentar identificar cuáles son sus virtudes y aptitudes, les tenemos que ofrecer confianza.
Más con todo lo que pasa hoy en día…
Sí, tienen mucha presión externa, todo es hostil en la calle, por la inseguridad, la agresividad. Con Flor, intentamos que los chicos no estén de paso. La casa es toda de ellos y son tan importantes como nosotros, con los mismos derechos. Traen amigos, hacen reuniones, les encanta estar en casa. Creo que tienen que sentirse libres ahí, tienen que poder hacer lo que quieran, incluso las cosas que nosotros no estamos preparados para aceptar. Esta época, como todas, tiene sus secretos, sus códigos. Es un aprendizaje constante, difícil. Todos los que pasamos por la adolescencia recordamos, a veces con gracia, los malabares que había que hacer para ganar un poco de intimidad, teníamos que engañar u omitir información.
Tu hijo, Chino, también es actor, ¿sos muy crítico con él?
No, trato de ser lo menos invasivo posible. Pobre, ya de por sí tiene que arrastrar el ancla no sólo del apellido sino, también, del mismo nombre. O sea, su situación es bastante brava y, encima, las odiosas comparaciones, que necesariamente va a haber porque la gente nunca es tan amable. Pero él es el que me viene a buscar; investiga, abre el diálogo. Me habilita.
Estás en la mitad de la vida, ¿que características de tu personalidad perdiste con los años?
Perdí ingenuidad, inconsciencia y frescura. Estoy más lento, por qué no decirlo. Todo eso a veces trae aparejado perder sentido del humor o, al menos, dosificarlo un poco. Pero, al mismo tiempo, gané en experiencia. Sé que estas modificaciones o acumulaciones van a resultar un bálsamo y se transformarán en conocimiento.
¿Y desde el punto de vista físico?
Y… entre los 40 y los 50 descubrís partes del cuerpo que no sabías que tenías. Entre los 50 y los 60, si te despertás y no te duele nada es que estás muerto.
Detrás y dentro de escena
El director Eduardo Mignona murió víctima de una larga enfermedad, estaba en la mitad del rodaje de La señal, su octavo film. Poniéndole el pecho a la situación, con el rodaje a mitad de camino y una inmensa sensación de vacío, Darín decidió tomar el papel del director y continuar con el rodaje: “Representa la oportunidad de seguir con el sueño que comencé como actor junto a Eduardo Mignona, y que ahora siento la obligación moral de llevar hasta el final”, declaró en ese momento luego de haber tomado la decisión. “Fue una experiencia traumática, pero muy aleccionadora en cine”, afirma hoy.
¿Creés que algun día la carrera del director va a reemplazar a la del actor?
Lo más difícil de esta carrera de actor es encontrar estímulos, no de supervivencia, que es necesaria, sino artísticos. Es probable que en algún momento me cueste conseguir estímulos para este trabajo y que en un futuro se produzca un desplazamiento del director sobre el actor. Creo que me merezco otra oportunidad. La dirección me gusta mucho, siempre me apasionó. Me gusta correr riesgos y ése es un riesgo elevado, estoy dispuesto a jugármela en ese lugar con alguna historia concebida desde el principio.
Y en televisión, ¿cuándo te vamos a volver a ver?
No digo que no lo voy a hacer nunca más, pero de acuerdo con los espacios y tiempos que necesito para trabajar, volver a la TV significaría una suerte de retroceso. Sería volver a las estructuras anteriores luego de haber logrado espacios y tiempos apropiados para trabajar como a mí me gusta y necesito. Los tiempos que se manejan en cine y teatro son más lentos, tenés más oportunidades de trabajar a fondo las cosas.
¿Sentís que te perdés un público exclusivo de televisión?
No, nunca traté de ganar público, ni mercado, tal vez porque no lo necesité. Se me fue dando. Tengo el privilegio de poder elegir mi trabajo, y no voy a elegir una estructura que no me ayude. Elijo lo que me potencia. Me gusta entrar en algo, amasarlo, dedicarme de lleno y, después, terminarlo y sacármelo de encima. Salvo Art, que es una joya que me acompaña ya hace 12 años.
Como vos decís, “amasás” los personajes. Algunos actores, para componer un personaje, hacen un trabajo previo, se instalan en una cárcel, en un asilo de ancianos… ¿vos también aplicás esa técnica?
No, no lo hago, imposible. No me nace. Para una película, el guionista y el director se ocupan de investigar a fondo el personaje, y después te lo trasmiten. Yo confio mucho en ellos, me dejo llevar bastante, aunque sé que, en algunos casos, a los actores les rinde mucho hacer ese trabajo previo de aproximación al personaje. Por ejemplo Martina Gusmán, para Carancho, hizo guardias durante seis meses. Yo prefiero dejarlo librado a mi imaginación y a los convenios y acuerdos que haga con el director y con el autor.
Hace un momento me decías que eras un afortunado, ¿por qué?
Tengo suerte por muchos motivos: primero, porque siempre la tuve; segundo, porque se me presentan muchas oportunidades, y eso es lo que los actores valoramos, porque es lo que nos falta. Hacer una que te salga bien, o te salga como te salga, y al toque salga otra… Si a eso le sumás que gran parte de lo que me ofrecen son propuestas atractivas, con buenas historias, soy increíblemente afortunado. Como decía el Tano Vittori, “con buenos libros es más fácil ser buen actor”.
¿Creés que es sólo eso?
No, otorgarle una gran importancia a la suerte no significa que no trabaje, que no esté atento y que no trate de aprovecharlo al máximo. Creo que es una suma de capas que hace que tenga acceso a un lugar de privilegio.
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