|
EN FOCO
TEXTO Y FOTOS: MARÍA MULLEN
.............................................................................................................. |
| |
Vivir con sida
El sida causa muertes en todo el mundo y todavía no tiene cura. Testimonios de personas que lo padecen y un reportaje a Gloria Muñoz Cabrera, directora de tres hogares para enfermos de HIV, amplían la mirada que se tiene del tema, más allá de la medicina.

Quizás una de las frases que uno jamás querría tener que decir es “tengo sida”. Cuando a alguien le informan que su análisis de sangre dio HiV positivo, es como si le dijeran que tiene una bala en el cuerpo capaz de matarlo. La buena noticia es que, con disciplina y tomando la medicación todos los días a horario, se puede convivi r con ella y llevar una vida bastante normal. La mala es que un arma con las mismas balas queda en el cuerpo para siempre y se puede disparar a otros con gran facilidad.
En la actualidad, gracias a un tratamiento con antirretrovirales, el virus del HiV no mata a la velocidad con la que lo hacía años atrás. La medicación frena la reproducción del virus y evita la destrucción de las defensas.
El asunto del sida es que no llega así nomás, ni porque sí. A menos que el contagio se haya dado en un ámbito hospitalario, cosa que ya casi no sucede, las historias de quienes contraen el virus en general vienen cargadas de drama: infancias sufridas, padres ausentes, abusos, familias rotas, adicciones, drogas, alcoholismo, prostitución, homosexualidad, infidelidad, abandono, vida en la calle.
En los medios de comunicación, el sida de la cintita roja se asocia al debate del uso de preservativo. Difícilmente la palabra sida se asocie a transformación, reconciliación, fidelidad, esperanza. Parece imposible, idealista y hasta es motivo de rechazo para algunos. Sin embargo, para Diego, Pedro, Alejandro, Juan y tantos más, el virus ha sido la puerta dolorosa para hacer un alto en el camino, salir, al menos un poco, de una vida oscura y animarse a un camino con más luz, sacrificio y verdad. ¿Qué hay detrás de esta enfermedad y de estas historias?
Un enfermo diferente
“Luego de años acompañando a personas con esta enfermedad, puedo decir que el sida no es lo peor que les pasó”, dice Gloria Muñoz Cabrera, directora de la Fundación Fuente Viva, que lleva adelante tres hogares para enfermos de sida (adultos, mujeres y madres con hijos), en San Miguel y José C. Paz, provincia de Buenos Aires, con la colaboración de otras tres mujeres. Madre de cuatro hijos y abuela de diez nietos, hace quince años comenzó su obra. De joven, Gloria jamás se había inclinado hacia los enfermos, le impresionaban mucho. Fue un pedido de un sacerdote amigo lo que la llevó a comenzar como voluntaria en hospitales y asilos. Allí descubrió a un “enfermo diferente”.
“Me impresionó ver cómo las personas con HiV morían tan rápido y solas –explica–. Una vez vi a un chico de 18 años morir solo en su cama, sin familia. Me dije: «Esta persona debería haber muerto en una casa, y con alguien a su lado, no así»”. Luego conoció a Juan y a Alejandro, dos enfermos de sida que vivían en la calle. Durante siete meses, Gloria los escuchó y ayudó, incluso les consiguió alojamiento, aunque ellos volvieron a la calle y murieron. “Juan y Alejandro me enseñaron todo sobre la droga, los códigos de la calle, cosas que jamás había escuchado. Cuando murieron, sentí con fuerza el llamado a hacer algo”.
Gloria, en ese entonces madre de 4 hijos adolescentes, respondió a ese deseo, y finalmente, en 1996, pudo abrir el primer hogar en San Miguel, en un terreno donado, al costado de unas vías de tren, lleno de rosales. Lo llamó “La Posada”. Desde su fe, Gloria explica que el nombre alude a la posada que no le dieron a la Virgen María cuando estaba por dar a luz a Jesús: “nosotros, en cambio, queremos dar posada a Jesús, a través del enfermo. Es la otra cara de la moneda”.
En La Posada todos hacen todo: limpian sus cuartos, cocinan, trabajan en la huerta, se divierten, leen, rezan. También, en un taller realizan bolsas de residuos, cotillón, alfajores y otros productos.
Mujer de fe, determinación y gran sensibilidad, Gloria aborda diariamente casos muy difíciles: algunos llegan derivados de hospitales, otros de institutos psiquiátricos o de cárceles. “Ojo, no todos los casos de sida son así, algunos enfermos viven bien, en sus casas, con sus familias y pueden seguir su vida normal y trabajar. yo asisto a las personas en situación de abandono o marginalidad”.
Sanar los recuerdos
“En la actualidad, el sida tiene un buen tratamiento y con algunas pastillas diarias de por vida y a horario, se puede convivir con ella”, explica Gloria. “El mayor problema no es ése, sino la persona. Quienes llegan al hogar no se valoran, tienen un gran resentimiento adentro, no pueden perdonar ni dejarse perdonar, y se sienten incapaces de ser queridos por alguien, mucho menos por un Dios. No conocen el amor gratuito (¡nos cuesta tanto conocer eso!), no pueden creer que yo no cobre un sueldo para ayudarlos. Nosotros tratamos de desarrollar su interioridad, que se reconcilien con aquello que no los deja mirar hacia adelante, tratamos que perdonen a quienes les hicieron mal y puedan alcanzar paz o descubrir a Dios”.
Gloria hizo construir una capilla que es muy frecuentada por los “posaderos” (así los llama, ya que no le gusta hablar de internos ni de enfermos). Hace poco hicieron un fogón e invitaron a cada uno del hogar a que tratara de identificar aquello que los enceguecía para caminar. Allí salieron a la luz relatos de abusos y abandonos. “Tengo mucha bronca, mucha bronca, trato de perdonar, pero la bronca vuelve”, confesaba uno. Había sido abandonado en la calle por su familia, a los 10 años. Gloria le pidió que tratara de perdonar, que incluso lo dijera en voz alta. El hombre, cada vez más fuerte, comenzó a decir “te perdono, te perdono, ¡te perdono!” hasta que rompió a llorar.
Esa noche su bronca comenzaba a perder fuerza. “Muchas veces nos detenemos en el sida –dice Gloria–, pero en estos hogares el sida es lo de menos”.
Cambiar de vida
“Lo primero que procuramos que las personas entiendan es que tienen un virus que mata. Si no te medicás, te morís. y, a diferencia de otras enfermedades, el HiV se contagia. Nosotros ayudamos a que comprendan que ellos tienen que cambiar en su vida totalmente. El tema del preservativo es una ilusión. Acá llegan un montón diciendo «yo me cuidé». El virus pasa el látex y la proporción que puede atravesarlo no es menor, es cerca del 7%. Por supuesto que el preservativo reduce el riesgo, pero yo pregunto: si tengo sida y hay una probabilidad entre mil de que yo lo transmita a otro y lo mate ¿lo intento? No lo recomiendo. Acá, si llegan con los preservativos gratuitos de los hospitales, tienen que tirarlos. Les explicamos: «vos hiciste una vida que te llevó a esto, tenemos que ver cómo salir, para que no le pase a otro»”.
“Ahora no le tengo miedo”
“Mi vida fue bastante dura, mucha calle. Perdí a mi mamá y a mi papá, y quedé solo sin saber adónde ir”. Así comienza Diego, portador de HiV, a contar su historia. “Mis amigos andaban con la droga, con el alcohol, yo los seguí porque tenía que andar con alguien. Vivía en Ciudadela, Fuerte Apache, un shopping de la droga. ya no sabía lo que hacía. Un día me sentí pálido y sin más fuerzas, no podía ni trabajar. Fui al hospital y al día siguiente me lo dijeron: «Tenés sida»”.
Un buen médico le consiguió un lugar en La Posada y allí comenzó la transformación. “No fue fácil dejar de drogarme y de tomar, a veces lo hago y Gloria me reta. Siento que éste es mi lugar, ahora no podría estar solo. Solo y con plata, soy un desastre. Tengo mucho por delante, esto del HiV no es algo que me va a frenar. A mí no me frenó nada en la vida”. Desde la fresca sombra de un árbol, Diego hace una pausa y comparte sus sentimientos: “Acá está Dios, lo siento. Antes le echaba la culpa por todo, ahora entiendo que la mayoría de las cosas que me pasaron fueron por culpa mía. Que Dios siempre estuvo conmigo, pero nunca lo supe. Ahora quiero hacer otra vida. Antes le tenía miedo a la muerte, le tenía mucho miedo. Ahora ya no”.
| |
PREGUNTAS FRECUENTES
¿DE QUÉ MANERAS SE TRANSMITE EL SIDA?
A través de la sangre, el semen y también, en menor medida, a través de la saliva (encías sangrantes).
¿DÓNDE PUEDO HACERME UNANÁLISIS DE HIV?
En cualquier hospital o centro de salud pública, y de manera gratuita.
¿TOMANDO LA MEDICACIÓN RECUPERO LA SALUD?
La medicación ayuda, pero no significa que te levante las defensas, y sin defensas podés contraer cualquier enfermedad: hepatitis, problemas pulmonares, neumonías recurrentes, algún tipo de parálisis cerebral…
¿DÓNDE PUEDO CONSEGUIR MEDICACIÓN?
Es gratuita y se da en hospitales y clínicas públicas
|
|
FUNDACIÓN FUENTE VIVA
Tel.: 4667-0646
Fraga 1961, San Miguel (1663)
buenos Aires
E-mail: hogarlaposada@speedy.com.ar
Donaciones:
Cuenta N° 13.337/5 del banco de la
Provincia de buenos Aires,
sucursal San Miguel.
..............................................................................................................
volver |
|
|
 |