La guerra de los gastos
Mi plata. Tu plata. Cada uno con su alcancía va construyendo un espacio de intrigas y gastos fantasma. ¿Por qué cuesta tanto llegar a acuerdos sobre el dinero?
Pregunta: Estoy casada hace 7 años y medio. Somos muy diferentes y no nos complementamos, discutimos mucho sobre nuestros ingresos que, de hecho, mantenemos por separado. Cada uno tiene sus gastos y cada uno se administra. Tenemos proyectos que no podemos concretar, ya que nuestras prioridades difieren.
Respuesta: El matrimonio se cansa, nosotros nos cansamos, cuando pensamos constantemente en que lo tuyo es tuyo y lo mío es mío, ¿no?
Una de las actitudes que genera paz en las familias es el paso del “yo” (mi dinero) al “nosotros” (nuestro dinero). Desde ahí, aprendemos a pasarlo bien sin grandes gastos. La plata, dicen, sólo sirve para pagar facturas. El problema está en la cantidad de facturas que somos capaces de generar y las peleas o los engaños, claramente evitables, que ello provoca. Cómo invertirá cada uno su sueldo es difícil de consensuar, porque a cada uno le gusta gastar en diferentes cosas. Para las eternas peleas que surgen por este tema, la única salida es hablar con serenidad, ponerse de acuerdo, analizar la situación lo más objetivamente posible y, esto es lo que más cuesta, tomar las medidas necesarias.
Para ello se requiere unidad y transparencia: los dos tienen que saber lo que se necesita y lo que se tiene ganado en total, cuánto queda para los propios gastos. Sólo después de que se sinceren, podrán conversar y llegar a un acuerdo para programar los gastos extra. Quizás lleguen a pautar qué cantidad usarán para el auto y qué cantidad para la casa, para tus gastos y los de los chicos.
¿Sabés adónde van a descubrir el goce? En aprender a usar sólo lo que realmente necesitan, encontrando la disposición para disfrutarlo en plenitud.
Para llegar a acuerdos con más facilidad, ayuda que sepamos reconocer nuestras debilidades en algunos gastos y, con ellas, la forma como se gastaba en la familia de origen de cada uno.
Algo básico (pero que a veces elegimos olvidar) es que consulten erogaciones fuera del presupuesto familiar, para no sorprender al otro con algo que sabemos no hubiera aprobado.
Cuando discutan porque no pudieron ajustarse el cinturón y ahora no alcanza la plata, dejen que el menos gastador tome un poco la batuta. Y, como en tantos temas, eviten los rótulos: “éste es un amarrete”, “ella es una gastadora”. Hasta aquí, opciones concretas para que ustedes se ayuden. No podemos olvidar que un problema de dinero puede ser reflejo de otros temas inconclusos de su vínculo: quizá los reclamos de fondo tienen que ver con independencia, intimidad, demanda de afecto… piénsenlo, porque pueden llegar a temas cruciales para crecer como pareja.
Bajen la guardia, así como entregaron la vida para siempre, elijan que el dinero entre en esa dinámica. Traten de salir a conversar de este tema, con esperanza y con las tres joyas de la familia colgadas del cuello para que las sientan e inf luyan en su charla: Tiempo, Respeto y Gratitud.

¿Vos también tenés dudas?
¿Te supera alguna situación de tu casa? ¿Preferís una respuesta desde la experiencia antes que una de manual? Mandanos tu consulta a: consultas@hacerfamilia.com.ar
..............................................................................................................