JUNIO 2010






 

EN FOCO
Texto: Pablo Marini* | Ilustración: Gastón Lentini
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En el nombre del padre



El llamado “eclipse del padre” es un factor crucial para poder comprender en toda su amplitud la actual crisis de la familia.

Es curiosa la situación a la que se ha llegado últimamente en este siglo XXI, tan “pleno de información” y “falto de profundidad”. Con el pretexto de lo “políticamente correcto”, resulta que la sociedad oculta verdades tan obvias, tan elementales y evidentes, y produce errores tan “previsibles”, que todo esto semeja a la extrañeza que a veces nos genera ver a los insectos en una habitación golpearse una y otra vez contra el vidrio de una ventana, cuando tienen al lado toda la puerta abierta para escapar.

Esta extrañeza me viene a la mente cada vez que leo los informes de los especialistas sobre las lamentables consecuencias por la “ausencia del padre”: los desequilibrios causados en los chicos por el debilitamiento de la imagen masculina, los trastornos de filiación, el aumento de las conductas adictivas, la pérdida del sentido de los límites, las dificultades para socializarse, incluyendo el aumento de la agresividad, entre otras cosas.

Lo triste es que la sospecha que sobrevuela todo esto es la incidencia del factor ideológico: una especie de combinación de feminismo radical y la teoría del género. Como recordarán por algo que ya dijimos hace algún tiempo en este espacio, esta teoría afirma que el hecho de ser mujer o ser varón aparece como un fenómeno básicamente cultural y, por lo tanto, cambiante y modificable. Las diferencias entre varón y mujer no corresponden a una naturaleza dada sino que cada uno puede “inventarse” a sí mismo.

Si hace algunas semanas hablábamos de “suicidio” cuando nos referíamos a la situación educativa en nuestro país, bien podríamos ahora referirnos a un verdadero intento de “suicidio familiar”.

Pareciera que los “mass media” están involucrados en una intensa campaña para convencernos de lo prescindible de la figura paterna. Mesas redondas, programas de investigación, hasta dibujitos animados (no precisamente para niños), como Los Simpsons o Padre de familia, donde la figura del padre es francamente patética, nos lo presentan o en un papel secundario o con un enfoque profundamente deformado.

Una necesaria reivindicación
Por el contrario, los mejores pensadores y analistas del realismo antropológico nos dan cada vez más argumentos para afirmar contundentemente la importancia vital que tiene la figura del padre para un desarrollo psicológico equilibrado de los hijos.

Para Tony Anatrella, exper to en psiquiatría social, el problema de la ausencia del padre está íntimamente ligado a otro problema más general: el de la desmembración de la familia constituida por un padre y una madre con hijos.

La crisis de la familia se manifiesta en el descenso de matrimonios y la extensión de las uniones de hecho, la baja fecundidad, la multiplicación de divorcios. Pero tiene una causa más profunda: el problema está en las representaciones sociales de la familia, en la concepción que tenemos de ella. Ha de afirmarse que padre y madre son necesarios, que ninguno es más que el otro, que ninguno de ellos es sustituible o canjeable por el otro. El padre es el mediador entre el niño y la realidad; permite al hijo tomar iniciativas, “porque él ocupa una posición de tercero, de compañero de la madre, y no de madre bis”. Las aportaciones de la paternidad, según lo confirman las modernas investigaciones psico-sociológicas, son varias.

  1. Ruptura de la unidad madrehijo. Esta unidad es esencial en la historia de cada persona tanto desde un punto de vista físico como espiritual. Pero esa unidad no puede ser absoluta, y corresponde al padre reconducirla a sus justos términos para bien de ambos. Gracias a la figura del padre, el niño aprende a diferenciarse de la madre y a adquirir autonomía psíquica.

  2. Formación de la identidad del hijo. Siguiendo a Eriksson, conocido estudioso de la evolución infantil, se muestra cómo el padre representa for taleza, sabiduría y compañía necesaria para introducirse en el mundo y aprender a ser hombre.

  3. Identidad sexual. El padre constituye el modelo de referencia para el hijo varón, que encuentra en él el paradigma de la masculinidad. Esta influencia alcanza, además, a las hijas. La feminidad se realza y se define frente a la masculinidad, y el padre varón supone para las hijas, además de los valores de for taleza y sabiduría ya mencionados, el opuesto sexual frente al que ellas se definen y, se fortalecen como mujeres.

  4. Por último, el papel del padre como principio de autoridad y transmisión de los valores.

Hoy más que nunca hay que luchar por una reivindicación de la “familia natural” (unión duradera de padre, madre, hijos) y liberarla de la tenaza de los modelos ideológicos y las políticas públicas representativas de lo “políticamente correcto”.

 
Para pensar
Tony Anatrella, desde su doble experiencia de psicoanalista y sacerdote, dice que se ha cometido un grave error al dejar de hablar de paternidad con pretexto de no herir a los hijos de divorciados. O por temor a que el oyente rechace a Dios porque tuvo mala relación con su padre. O porque algunos se sienten ofendidos por quienes dicen que Dios es padre y por tanto hombre. Privar al ser humano de la novedad traída por Cristo al mundo de ser “hijos” de un Padre bueno es un terrible error.
 

* El autor es Lic. en Filosofía. Profesor de Teología, Filosofía y Moral , y docente del Doctorado de Historia de la Universidad del Salvador.

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