POR LAS HUELLAS DE MANDELA

Revolucionario, preso, político, amigo de sus enemigos, Presidente y servidor de su Patria, pacifista, modelo de humanidad. Un recorrido por la vida de Nelson Mandela, el hombre que supo vencer la lógica del resentimiento y la venganza, abrazar su misión de paz a pesar de las injusticias sufridas y ser artífice de la reconciliación más histórica de una nación en los últimos tiempos.
Sudáfrica, Ciudad de Pretoria, 1964. El salón está repleto de blancos. Mandela, un hombre negro de unos 45 años, ha sido arrestado junto a otros líderes del movimiento de resistencia contra el Apartheid, acusado de alta traición. Ya no tiene nada que perder. La Corte Suprema escucha su alegato.
“Durante toda mi vida, me he dedicado a esta lucha del pueblo africano –se le oye decir–. He luchado contra la dominación blanca y contra la dominación negra. He buscado el ideal de una sociedad democrática y libre en la que todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal para el que he vivido. Es un ideal por el que espero vivir y, si es necesario, ¡es un ideal por el que estoy dispuesto a morir!” El murmullo generalizado rompió el silencio y colmó la sala. Con estas palabras, Nelson Mandela finalizaba su argumento ante la Justicia. El juez luego determinó que no recibiría la pena de muerte, pero sí fue condenado a cadena perpetua. Lo trasladaron a Robben Island, y fue el preso número 466/64.
El cautiverio
Pasos, llaves, celdas que se cierran, gritos y carcajadas de crueldad. Picos y palas pegando duro contra las piedras. Lejos habían quedado los prados de aquel pueblo de Qunu, con apenas 300 habitantes, donde el niño Mandela había nacido, en el invierno de 1918, hijo del jefe de su tribu. Los cerros donde solía caminar, los ríos donde nadaba y todos esos momentos tan felices de su infancia eran nostalgia de un tiempo que no volvería.
Un patio de cemento detrás de anchos barrotes representaba todo su paisaje. Su celda fue el principal testigo del camino de ascenso que este hombre logró realizar por sobre todas las predicciones posibles. Durante años, estuvo prohibido sacarle fotos. Sólo sus cuatro paredes vieron el avance del tiempo en su piel, en sus manos y en su cuerpo.
Recién a los 73 años, volvería a ver la luz de la libertad. Y él, como quien nace otra vez, no perdería ni un minuto en seguir luchando por la misma misión inicial.
Rolihlahla Dalibhunga Mandela había recibido el nombre de Nelson, por una maestra de la escuela británica a la que asistió desde los siete años. De joven, Mandela estudió para abogado y a los 24 años ya se había unido al partido Congreso Nacional Africano (CNA), que defendía los derechos de la mayoría negra. Desde entonces, había peleado constantemente en contra del sistema racial Apartheid (que significa “separación” en la lengua afrikáans). Su lucha ya lo había llevado a prisión, pero nunca con una condena como la de junio de 1964.
Su primera celda, de apenas 2,5 metros de largo, fue su hogar durante los primeros 18 años de los 27 que estuvo encarcelado. Desde allí, supo de la muerte de su madre y de uno de sus hijos, pero no pudo ir a sus funerales. Sus carceleros blancos agredían continuamente a sus compañeros negros, incluso llegaron a matar a golpes a algunos, para enterrarlos hasta la cabeza y hacerles pis encima. Sin embargo, él los respetó, se propuso aprender todo de ellos, incluso logró la amistad con algunos. Quería comprender a su enemigo. “La única manera de vencer al tigre era domesticándolo”, dijo más tarde. Mientras tanto, en las ciudades, las protestas pacíficas de los negros terminaban con muertos y masacre de inocentes.
Invicto
“No hay que apelar a la razón, sino a sus corazones”. Con esta frase de Mandela, el periodista inglés John Carlin comenzó su libro El Factor Humano, que trata del protagonismo del rugby en la reconciliación y consolidación de una nueva Sudáfrica, dirigida por Mandela. El libro de Carlin luego fue llevado al cine por Clint Eastwood, con el nombre Invictus, en honor a un poema que Mandela leía estando en prisión (ver recuadro). Su historia ya es conocida por gran parte del planeta.
“Lo que se vio en el partido de rugby del film Invictus tiene mucho que ver con la personalidad de Mandela, pero no es lo único que él hizo ni lo más importante”, cuenta Tony Leon, embajador de Sudáfrica en la Argentina, y quien lideró el Partido Democrático, principal partido opositor al CNA en tiempos de la presidencia de Mandela. Leon, muy cercano al ex Presidente, resulta un testimonio sumamente valioso acerca de la extraordinaria persona que era, y que es, Mandela.
“Mandela veía las opor tunidades para él y para el país –continúa–. El rugby en sí no tuvo un papel tan importante en su camino de construir una nación, pero fue una de las tantas cosas que él hizo. Por ejemplo, apenas asumió la presidencia, en un gesto admirable, fue a visitar a la viuda de Hendrik F. Verwoerd, uno de los ideólogos del Apartheid, Primer Ministro de 1950 a 1966 y famoso por su dureza, asesinado en el Parlamento hacía 30 años. También se reunió con el hombre que lo había procesado: quiso invitarlo a almorzar y perdonarlo. Mandela hacía de todo para llegar al otro lado”.
Al hablar de sus habilidades, Leon asegura: “Mandela tiene un instinto y una habilidad impresionante para llegar a su oponente y tratar de lograr un buen resultado para la nación. También, un gran sentido del humor y mucha astucia. No diría que Mandela es un intelectual, pero sí que posee una destacada inteligencia emocional. Ése es su gran genio. Y el país se benefició de ello”.
A pesar de que pertenecían a partidos diferentes, Leon confiesa que Mandela era muy cálido, cercano y conciliador: “Mi primer encuentro con él fue en 1992. Me invitó a cenar a su casa. Recuerdo que hacía poco yo había dado una conferencia en el distrito de Durban y, para mi sorpresa, Mandela la había leído en el periódico (él amaba los periódicos) y me ofreció su punto de vista sobre las cosas que había dicho. Le gustaba debatir, no simplemente que la gente estuviera de acuerdo con él. También era brutalmente honesto. No decía las cosas que uno quería escuchar, sino tal como las veía. Teníamos algunos desacuerdos, pero él era muy directo y franco. Me asombraba cuánto tiempo tenía para mí, ¡a pesar de que yo no fuera de su partido!”.
La labor de Mandela y su legado
Leon recuerda con claridad las épocas de Apartheid: “Era un sistema de extrema dureza en contra de la gente negra y extremos privilegios para la gente blanca. Si tenías piel blanca, eras considerado. Si tenías piel negra, casi no eras ciudadano. Todo el sistema se basaba en que los negros, que eran mayoría en Sudáfrica, no tuvieran ningún derecho legal ni constitucional en su país. El cambio que Sudáfrica vivió desde 1994, de la mano de Mandela y de De Klerk (ambos fueron premiados con el Premio Nobel de la Paz), fue impresionante”.
Para Leon, el “legado Mandela” consistió en:
- Haber vivido la realidad de la reconciliación.
- Conservar un gran respeto por la ley y las instituciones de la
democracia, que él trabajó por construir.
- Demostrar que se puede ser una gran figura y un gran ser
humano. Hay muchos casos de grandes figuras, pero con
mal carácter, como el caso de Winston Churchill. Mandela
es tan cálido en persona como en su imagen.
- No ser un loco del poder. Mandela cumplió su mandato y se
retiró. Confió en que alguien más joven seguiría adelante.
Misión cumplida
Luego de su ajetreada vida política, que logró el fin del Apartheid y, principalmente, la unidad de la nación y las bases para su reconstrucción, en junio de 2004, anunció su retiro de la vida pública. “No me llamen, yo los llamaré”, fueron sus palabras.
Junto con ello, explicó que quería dedicar sus años a su familia y a sus nietos. Tiempo atrás había dicho: “Cuando la vida de uno es la lucha, queda muy poco tiempo para la familia. Ésa siempre ha sido una de las cosas que más lamento”. A los 82 años se casó por tercera vez y quienes lo rodean aseguran que el matrimonio es feliz.
Luego de tanto esfuerzo, parece que la vida le regaló los años que la cárcel le quitó. Hoy reside en su pueblo de origen, Qunu, donde vivió los momentos más felices de su infancia. Se preocupa mucho por los niños de la Fundación Mandela y por la lucha contra el sida.
Dicen que “inspiración” es aquello que infunde o hace nacer en el ánimo o en la mente afectos, ideas o designios. Aquello que ilumina el entendimiento de alguien y es capaz de mover su voluntad. Si hoy hubiera que definir a Mandela, “inspiración” es la palabra más justa. Alguien que fue capaz de atravesar tantas luchas y humillaciones por una causa mayor, alguien que fue capaz de respetar y perdonar a los autores de un sistema tan injusto como el Apartheid, a sus carceleros, a los asesinos de los suyos y, constantemente, pretender ir más allá de lo esperable, con el objetivo de unir a las personas, para unir a una nación… eso es un ejemplo de humanidad.
Más información
www.nelsonmandela.org
www.mandeladay.com
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El poema “Invictus”
Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.
William Ernest Henley
(Poema que Nelson Mandela se re citaba a sí mismo cuando llegaban los peores momentos a lo largo de su terrible cautiverio. Es un canto a la fe, a la libertad y a la resistencia humana enfrentadas a los momentos más desoladores, solitarios y terribles de la existencia. Henley fue un poeta inglés que desde niño vivió azotado por enfermedades, incluyendo la minusvalía).
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