EL “ PATO” FILLOL
Cuenta con cuatro Mundiales en su haber (tres como jugador y uno como entrenador). Fue elegido como mejor arquero en 1978, cuando la Argentina ganó la Copa del Mundo, y hoy tiene una carrera consolidada como técnico. En el mes del Mundial, Ubaldo Fillol habla sobre su pasado, su presente y opina sobre la selección.
Jugar un Mundial es hermoso. Como deportista, es un sueño, alcanzar el sumum.
El fútbol me permitió conocer el mundo entero, las diferentes culturas e idiosincrasias. Me sirvió mucho no sólo en mi vida como deportista sino como persona.
No me olvido nunca de un reportaje de El Gráfico en el ´83, cuando me tocó irme de River. “Hoy estoy triste, perdí un poco la alegría”, le dije al periodista. Por suerte, hoy puedo afirmar: “Recuperé esa alegría, soy un tipo feliz, volví a River y espero poder estar acá hasta los últimos días de mi vida”.
Cuando sostenés la Copa del Mundo, sentís que tocaste el cielo con las manos. Es una sensación hermosa, divina, pero a la vez muy peligrosa, porque eso puede hacerte creer que está todo hecho, en el fútbol y en la vida y, en realidad, no deja de ser un premio deportivo.
“¿Ahora cuál es el camino?”, me pregunté la semana siguiente a haber ganado el Mundial. En ese preciso momento, me propuse un desafío: superarme en el día a día. “Si hoy somos campeones y si hoy toda la prensa me considera el mejor arquero del mundo, yo tengo que demostrar por qué me eligieron”. Mi meta fue superar lo que había hecho en el Mundial, en los entrenamientos, en los partidos, en la vida.
El “abrazo del alma” (N. de la R: así se llama al abrazo entre Fillol, Tarantini y un hombre sin brazos que bajó de la tribuna a festejar el triunfo), me causó una emoción tremenda al día siguiente cuando vi la foto. En el momento, no me di cuenta de la presencia de este chico. Hace poco una revista holandesa me ofreció replicar esa imagen, cuando lo comenté en la mesa familiar, mis hijos me dijeron que ése había sido un momento único, que no se podía repetir. Terminé desechando la oferta.
La Argentina tiene dos ventajas muy importantes: primero, el técnico es el mejor jugador de toda la historia, eso genera mucha admiración y respeto; segundo, la selección llega a esta copa con el mejor jugador del mundo de la actualidad, que es uno y es argentino, Messi. Creo que si la Argentina saca provecho de esto, le puede ir muy bien. Estoy ilusionado.
No viajo a Sudáfrica. Hoy priorizo otras cosas: seguir disfrutando de haber vuelto a River, estar con mi familia y mis nietos. Me compraré una pantalla bien grande, pero la verdad es que me quiero quedar acá. Hice lo que hice en el momento que tuve que hacerlo.
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