JULIO 2010







 

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      Rosario Lanusse
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Disfrutar de un nuevo Mundial y compartirlo con quienes queremos, nos sitúa nuevamente frente a esas situaciones en las que un mismo espectáculo puede ser vivido, interpretado y hasta gozado de mil formas diferentes, dependiendo del público, por supuesto.

Y analizar el "escenario” conformado por los espectadores de un partido de fútbol es una experiencia sumamente interesante. Algunos hombres dicen que las mujeres nos parecemos a los chicos porque nuestro período de atención frente a un monitor en el que veintidós hombres corren detrás de una pelota es demasiado corto. O sea, empezamos con todas las antenas puestas en lo que sucede dentro de la pantalla y luego, a medida que avanza el juego, nuestra atención se va canalizando en las direcciones más diversas. Queremos saber si tal o cual jugador es soltero, casado, si éste es su primer Mundial; si juega en la Argentina o en el fútbol europeo; y si lo hace en un país árabe salimos con que debe ser una complicación para el pobre el tema del idioma; si al arquero contrario le hacemos un gol nunca falta algún alma sensible que se apiada de él (es inevitable que nos dé “no sé qué”); y las publicidades de la cancha siempre atraen nuestra atención: “¿qué hará esa marca de hamburguesas tan nacional, tan nuestra, tan argentina en un estadio sudafricano?”, “¿o cuánto le habrá salido el figurar ahí?”, son preguntas inevitables y que jamás reciben respuesta. ¿Cómo hacen los comentaristas si en la mitad del partido les da ganas de ir al baño? O nos compadecemos del réferi cuando la tribuna enajenada insulta hasta su madre por un penal mal cobrado. Hasta nos cuestionamos si el pobre que sigue en el banco se sentirá frustrado por no entrar a jugar. Y, a pesar de que a nuestros interlocutores les importa poco y nada lo que decimos, los comentarios no tienen fin. Ni siquiera se ocupan de contestar y, si hacen el esfuerzo, emiten monosílabos y ruidos guturales inentendibles, hasta que pierden la paciencia y nos mandan callar.

Que ver un partido acompañado es un programa, nadie puede negarlo. No sé si ellos piensan lo mismo, pero detrás de cada uno de esos jugadores que nos representan hay una historia, o miles, y a nosotros nos interesa conocerlas y comentarlas. Cuestión de género. Pasó siempre y seguirá pasando, así que, hombres, téngannos paciencia.

Rosario Lanusse
Directora
 

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