Somos novios
Enamorarse es de los regalos más lindos de la vida, pero ¿acaso no es aún más bello seguir enamorado de la misma persona hasta el fin de los días? Mientras que las estadísticas de separaciones aumentan, y muchos le huyen al compromiso, algunos novios se toman el tema desde otra perspectiva.

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El piso está cubierto de fotos en blanco negro. Una pareja de viejitos divirtiéndose en los autitos chocadores. una sala de un hospital repleta de bebés recién nacidos. una pareja joven mirándose en silencio. Esculturas tomadas de la mano, armando un círculo. un hombre y una mujer, abrazados en medio de una multitud, en una terminal de tren.
“Quiero que cada uno mire las fotos y elija aquel la en la que vea algo de lo que espera para su futuro como pareja”, pide Eduardo a un atento grupo de novios, conformado por quince parejas. Su mujer, Paula, lo acompaña. Llevan 27 años juntos.
A pesar de todos los pronósticos y lo difícil que parece ser el compromiso para siempre, ellos están dispuestos a imaginar la vida juntos y quieren prepararse para ello. Cada uno es diferente: algunos llevan largo tiempo de noviazgo, otros menos. unos tienen padres separados, otros agradecen verlos todavía juntos. Algunos creen en Dios, otros no; algunos son hijos únicos, otros de familias numerosas.
Traen sus diversas historias y experiencias, sin embargo, todos buscan lo mismo: aprender un poco más ese arte, ese desafío grande del corazón, de la creatividad y la voluntad, ese oficio minucioso, paciente y tan artesanal, que es el amor.
¿Huir o animarse?
El panorama del casamiento, en la actualidad, viene gris. Según los datos de los Registros Civiles de distintos puntos del país, durante 2008 la cantidad de divorcios, frente a la cantidad de matrimonios tanto en la Capital Federal como en la provincia de buenos Aires y en la ciudad de Santa Fe, se duplicó.
Por otro lado, mientras que hace 20 años, cuando entró en vigencia la ley de divorcio, las separaciones se daban entre parejas que iban de 40 a 55 años de edad (con entre 15 y 25 años de convivencia), en la actualidad, la mayor cantidad se da en matrimonios de personas de entre 35 y 45 años de edad y con vínculos de 5 a 15 años. Por úl t imo, según datos del Tr ibunal Eclesiástico nacional, los pedidos de nulidad matrimonial, en la última década, se han triplicado.
Quienes han pasado por una separación sostienen que se trata de una de las experiencias más dolorosas de la vida. ¿Las causas? infidelidad, desamor, agresividad, rutina, desgaste de la relación afectiva o sexual, crisis de la edad, falta de esfuerzo, escasa tolerancia, presión social, y la lista continúa.
Los ecos de esta realidad no son indiferentes. Para los jóvenes que aguardan detrás de la línea del “sí, hasta la muerte”, genera un fuerte temor al compromiso y muchos prefieren resguardarse. En otros casos, sucede lo contrario: las parejas buscan ahondar en el camino de aprendizaje del amor y de la relación hombre-mujer, para alcanzar la felicidad entre los dos, formar una familia y perdurar en el tiempo.
Cientos de parejas de novios asisten a encuentros, charlas, retiros o comparten la lec tura de libros relacionados con el tema. El grupo “Hacer Crecer” acaba de publicar Novios inquietos en camino, de gustavo Antico, profesor de Filosofía y teólogo, y cuenta que, en los últimos años, 1500 parejas asistieron a los retiros de novios que organizan. En 2009, completaron el cupo máximo de participantes, y quedó gente en lista de espera.
“El tiempo es de ustedes”
Pocas decisiones son tan importantes como la de elegir a la persona con quien compartir la vida. y para un buen matrimonio ayuda mucho un buen noviazgo. Esta etapa es como la “escuela de amor” donde, equivocándose, sufriendo y levantándose una y ot ra vez, uno prepara el corazón y el carácter para algo mayor.
“El tiempo es de ustedes”, escribe gustavo Antico en su libro, refiriéndose a los novios. él insiste en aprovechar esa etapa para conocerse, hacerse preguntas y no tener miedo a mostrarse como uno es. Entre sus primeros capítulos, sugiere hablar de las historias personales y de “todo eso que llevamos en nuestra mochila”. ¿Cómo fue nuestro pasado? ¿Qué alegrías y tristezas marcaron mi vida? ¿Qué experiencias en familia, amigos, noviazgos o trabajos me hicieron crecer y cuáles me obstaculizaron el modo de relacionarme con los demás o de valorarme? ¿Cuáles eran y cuáles son mis sueños? ¿Qué me agrada y qué me cuesta de mí mismo?
“Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta”, decía el pensador norteamericano Sam Keen. Es natural querer agradar a la persona que uno más quiere y mostrarle sólo lo bueno, pero esa relación tiene los días contados.
Así como uno no puede amar de verdad lo que no conoce, sucede lo mismo a la inversa: si uno quiere sentirse verdaderamente amado, debe mostrarse al otro tal como es, y eso incluye las debilidades. no hay manera de evitar que el amor nos vuelva vulnerables. y para ir derribando las defensas del alma, hay que aprender a comunicarse.
Palabras más, palabras menos
La manera de comunicarse entre dos está repleta de lenguajes. La palabra, el silencio, la mirada, el abrazo, las caricias, lo que se dice queriendo decir lo contrario, lo que se evita, el tono, el grito…
un cuento popular dice que cuando dos personas se enojan sus corazones se alejan y, para cubrir esa distancia, deben gritarse, aun estando uno frente a otro. Mientras que, cuando están enamorados, se hablan suavemente porque sus corazones están muy cerca.
Muchas veces en las relaciones humanas, el modo en que se dicen las cosas habla mucho más que el contenido literal. Decir “¡no me llamaste!” en un tono agresivo pueda motivar una pelea, mientras que un “¿pasó algo? Esperaba tu llamada” puede encauzar la misma conversación en un tono muy distinto. Hablar mucho tampoco significa comunicarse.
En aquel encuentro de novios, Eduardo explicaba que “relatar todo lo que se hizo en el día es el nivel más superficial de la comunicación, es sólo información. Después de 28 años de casados, hay días en que Paula y yo nos contamos cosas como ‘fui al médico’, ‘pasé por lo de una amiga’, ‘terminé unos trámites’, y sin embargo, nos sentimos lejos. no buscamos un momento para entrar en una comunicación más profunda, que es la de la interioridad y las emociones”.
Comunicarse de verdad requiere una predisposición especial, una actitud de aceptación y confianza y un ambiente propicio para poder abrirse sin miedo. Es el terreno que necesita mayor cuidado en una relación.
A modo de ejercicio, en aquel mismo encuentro, se pidió a los novios que enumeraran obstáculos que entorpecían la comunicación y poco a poco ellos fueron armando una lista:
. Falta de tiempo o mal aprovechamiento.
. Prejuicios y supuestos: creer que ya sé lo
que el otro piensa.
. Cansancio.
. Distracciones: celular, computadora,
playstation, tareas pendientes.
. Orgullo.
. Miedo a tocar algunos temas.
. no saber cómo expresarse.
Todos coincidieron en que cuando se esforzaban por superar esas trabas y lograban la intimidad, se sentían mucho más enriquecidos. A la inversa, cuando dejaban pasar mucho tiempo sin una “buena charla” la relación se apagaba un poco. A veces cambiar la pregunta “¿qué pensás de tal cosa…?” por “¿y qué sentís con todo esto?” puede abrir ese canal a los sentimientos.
En otro ejercicio, se invitó a los novios a que individualmente completaran una planilla titulada “Diagnóstico del diálogo en la pareja”. Debían evaluar cuánto hablaban de algunos temas: ingresos, ambiciones económicas y de estilo de vida, administración del dinero, control de la natalidad, situaciones de hijos no buscados o discapacitados, crecimiento espiritual, el rol de la religión y de Dios en cada uno, cómo hablarían de eso con sus hijos, su educación, la fidelidad, el tiempo libre, los hobbies, los amigos, las familias, cómo se imaginaban con el paso de los años o cuando una enfermedad afectara al otro, enfoques y expectativas de la vida sexual, las vacaciones, el trabajo fuera de casa, la sol idar idad y ac t i tudes de servicio, el tiempo con las familias.
Cuando los novios pusieron en común sus diagnósticos, algunos se llevaron varias sorpresas al encontrar diferencias y descubrir temas de los que jamás habían dialogado. Quizás porque sentían que no era el momento, pero si no es allí ¿cuándo?
“Sin el diálogo, no podríamos compartir nuestras historias, nos sería imposible entender al otro y, sobre todo, no podríamos plasmar un proyecto común. La profundidad de la intimidad a la que uno se compromete también determina la profundidad del amor”, escribe Antico, y sugiere que los novios se pregunten: ¿De qué temas nunca hablamos?
Pistas hacia el otro
Sofía: “A veces discuto con mi novio porque noto que le pasa algo y como no se qué es, trato de deducirlo y pienso lo peor. él se queda callado, no quiere hablar del tema, se va y yo me pongo mal”.
Santiago: “Con mi novia nos queremos muchísimo, pero a cada rato nos peleamos. Me reclama que no siente que yo hago suficiente por ella, que nunca soy su prioridad, que los amigos, que el fútbol… y las peleas nos desgastan”.
Somos de planetas diferentes. Así lo dice John Gray, autor de Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus, refiriéndose al hombre y a la mujer. una y otra vez re pite: “Hombre s y mujere s no s ólo s e comunican diferente, sino que piensan, sienten, perciben, reaccionan, responden, aman, necesitan y valoran de forma diferente. Si conocemos en gran detalle estas di ferencias y las recordamos continuamente, evitaremos muchísimos conflictos. Tantas veces suponemos que si nuestros compañeros nos aman, reaccionarán y se compor tarán de la mi sma manera que nosotros lo hacemos, y este es un típico error que lleva a la desilusión, al reproche, al desgaste. Si no tenemos en claro nuestras diferencias, no importa que tengamos las mejores y más afectuosas intenciones, nos tornaremos resentidos, criticones, intolerantes y el amor irá muriendo. La comunicación se interrumpe. La desconfianza crece. Surge el rechazo. Se pierde la magia del amor”.
Frente a los casos mencionados, gray posiblemente diría que si Sofía supiera que los hombres, por naturaleza, son más prácticos, racionales, les gusta encontrar la solución por ellos mismos, meterse en su “cueva” hasta lograrlo, y que eso no significa que no la quiera, se evitaría varias lágrimas.
Si Santiago, por su parte, supiera que la mujer se guía por sus sentimientos mucho más que por la razón y que valora infinitamente los detalles (como un mensajito de texto, una sorpresa, una flor, un “qué linda que estás” o un “yo preparo la comida”…) más que todas las explicaciones, comprendería que ella busca sentirse contenida. Los reclamos con “nuncas” y “siempres” son característicos de la mujer y no pretenden ser literales ni ganar la discusión: únicamente piden más cariño. El amor sólo se alimenta de amor. y, citando a Antoine de Saint-Exupery, Santiago y Sofía aprenderán a amarse “no mirándose el uno al otro, sino mirando juntos en la misma dirección”.
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Varón
-
Racional, piensa con la lógica.
-
Atiende a un estímulo por vez.
-
Procesa emociones en soledad, le lleva
tiempo contactarse consigo mismo. no
le gusta dar lástima ni recibir soluciones
de afuera.
- Intenta conocer a Dios.
-
Se interesa por las cosas.
-
Obra conforme a la realidad de los
hechos.
-
Vive de ideas y planes.
-
Hecho para producir vida. Activo.
-
Teme al sufrimiento.
-
instinto de conquista del mundo.
-
Capta y comunica lo general.
-
Le gusta sentirse necesitado y valorado
-
Reza con la cabeza, es menos piadoso.
-
Habla menos.
-
necesita claridad, no presupone todo lo
que la mujer puede estar necesitando.
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Mujer
- Intuitiva.
- Es capaz de ocuparse simultáneamente
de varias cosas.
- Procesa sus emociones hablando, compartiendo
sus problemas con amigas,
valora los consejos y ser contenida.
- Intenta sentir a Dios.
- Se interesa por las personas.
- Actúa más movida por sus sentimientos.
- Vive de experiencias.
- Hecha para conservar la vida.
- Tolera con mayor resistencia el sufrimiento.
- Instinto de maternidad y cuidado.
- Se centra en los detalles.
- Le gusta sentirse cuidada y comprendida
- Reza con el corazón, es más espiritual.
- Habla más.
- Espera que el hombre sepa y se anticipe
a lo que ella necesita, no le gusta pedir.
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Aclaración: es normal que algunas características se desarrollen más en el sexo opuesto en vez de en el propio. |
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Algunos Libros
> LOS HOMBRES SON DE MARTE YLAS MUJERES SON DE VENUS,
deJohn gray.
> LOS 10 MANDAMIENTOS DEL NOVIAZGO,
de Samuel Adams.
> EL CONOCIMIENTO DEL OTRO,
de Jose María Contreras.
> SOBREVIVIR EN PAREJA,
de Carmen Alcalde.
> NOVIAZGO ¿SEGUROS? IDEAS PARA ACERTAR,
de Rafael Hernández Urigüen
> CÓMO CONSEGUIR ESTAR DE NOVIOS... ¡PARA TODA LA VIDA!,
de Hernán Cáceres.
>SITIO RECOMENDADO: www.matrimoniosyfamilia.com.ar
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