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LA VENTANA
TEXTO: PILAR SANTILLÁN Y ROSARIO LANUSSE
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Hernán Iglesias Illa
Un escritor argentino en Nueva York
Una amena charla entre amigos, que da a conocer a un Hernán Iglesias Illa en su faceta de investigador incansable y observador agudo, cualidades que lo convirtieron en un escritor premiado.
Para los que vienen por primera vez: mi nombre es hernán iglesias illa, soy argentino, escritor y periodista –en orden descendiente de irreversibilidad– y vivo en brooklyn, nueva York”. Así se presenta al mundo desde su blog, quien a los 36 años es para muchos un representante de la nueva generación de escritores nacionales.
En diciembre de 2009, Editorial Planeta publicó Miami, turistas, colonos y aventureros en la última frontera de América Latina, su segundo libro luego de Golden Boys, vivir en los mercados, una obra de no ficción que publicó en 2006 luego de ganar, entre más de 380 participantes de América Latina, el Premio Crónicas Seix barral, otorgado por la Fundación nuevo Periodismo en asociación con Editorial Planeta, con jon Lee Anderson, juan Vi l loro y Mar t ín Capar rós como jurados.
Pasó su infancia entre La horqueta (San isidro) y los patios del colegio San juan el Precursor, estudió Comunicación en la Universidad Austral y luego se lanzó al mundo. En 1998 cursó el Más ter en Per iodismo de la Universidad Autónoma de Madrid y el diario El país de España, trabajó para ese diario, volvió a la Argentina, donde fue periodista de El Cronista y en 2003 decidió seguir a irina, su esposa rusa, hasta nueva York. Allí se transformó en corresponsal de Expansión y fue editor del diario The Wall Street Journal of Americas. hoy escribe para Rolling Stone, perfil, Brando (Argentina), Esquire y QUo (México), Vanity Fair (España) y Etiqueta negra (Perú), entre otros medios.
El mismo de siempre
La entrevista es una charla entre viejos amigos. no es una sorpresa que se haya transformado en un joven y reconocido escritor: una memoria envidiable, muchas ganas de saber todo de todo, la firme convicción de querer hacer algo distinto y la inteligencia para armar su camino, se complementan con un estilo cansino, como si nada importara, que lo transforman en un observador agudo y callado de las cosas más simples o más complejas. Condiciones importantes para un cronista que se transforma en escritor.
Se acerca con las manos en los bolsillos, los hombros caídos, casi con desinterés, como siempre. nos sentamos en la mesa del bar y empieza a tamborilear con lo primero que encuentra a mano, un hábito que no abandona desde sus épocas de baterista en “La Tripa”. Sólo falta el fitito naranja y todo es como hace años. Pero no, porque hoy es el entrevistado, el personaje principal de una buena historia.
Cuando empezamos la entrevista formal, pide: “Aclará que soy propietario de un lote en San Agustín”, y se pone contento al saber que no vamos a hablar sólo de su último libro.
¿Qué significó ganar el Premio Crónica Seix Barral?
(Se queda pensando) Me cambió muchísimo, ya no le podía echar la culpa a nadie. hacía un tiempo venía enojado con el mundo, siempre pensé que estaba destinado a llevarme todo por delante, sentía que no me daban la oportunidad. El premio me reconcilió con el mundo y hoy ya no estoy enojado, en este momento no me cambiaría por nadie.
Además todo fue muy rápido, cuando me enteré del concurso sólo tenía un mes para presentarme y mandar un capítulo entero, junto con un plan de la idea del libro. Tenía algo más o menos pensado, pero no muy desarrollado, así que estuve trabajando muchísimo y salió. El hecho de que te obliguen a escribir un libro y que te lo publiquen es una de las mejores cosas que te pueden pasar.
En Golden Boys presentás a los jóvenes argentinos que trabajan en Wall Street. ¿Cómo pasaste de ese universo a Miami, una ciudad de inmigrantes que llegan con una mano atrás y otra adelante?
En realidad, Miami me empezó a interesar en 2003, cuando viajé por unas notas para El Cronista, y me encontré con algo que no esperaba, no era la ciudad plástica, frívola y aburrida que yo me imaginaba. Después me fui a vivir a nueva York y pude visitar Miami un par de veces al año. Cada vez descubría un poco más de la verdadera ciudad, una ciudad muy viva, con interesantes movimientos políticos y culturales, donde la gente se esfuerza y logra generar cosas muy buenas. Quise contar y, si es posible, demostrar que los prejuicios típicos sobre Miami no tienen nada que ver con la realidad. Con Golden Boys me pasó algo parecido, conocí a varios de los protagonistas, los “Wall Street boys” y vi que eran personas reales. Se quebró de alguna forma esa imagen un tanto fantasiosa que tenía, y me pareció interesante escribir sobre ellos desde otra mirada, rompiendo también prejuicios que generalmente tenemos. Creo que ése es mi objetivo: mostrar las cosas como son en realidad, más allá de las fantasías colectivas.
En tus libros y tus artículos no sólo relatás lo que te cuenta el entrevistado sino que das un retrato muy real de la persona. ¿Cómo lográs ese acercamiento?
En general trato de contar cómo es la persona más que nada a través de lo que hace, de dónde viene, haciendo descripciones cortas y nítidas, en lugar de detalles que quizás no suman. A veces, cuando uno los va conociendo y comprendiendo, es difícil despegarse de esa empatía. Trato de ser lo más objetivo o neutral posible, pero sí, ¡muchas veces te terminás encariñando sin pensarlo!
¿Qué es lo que más te cuesta a la hora de escribir un libro?
Todo, todo es difícil –decidirte por un tema, encontrar el punto de vista, el ángulo, hacer la investigación, archivar, seleccionar, coordinar las entrevistas…–, hasta que llegás al sweet point, como dicen los yanquis, cuando hacés el clic y fluye solo. Con Golden Boys trabajé como nunca, logré un ritmo de trabajo constante, muy productivo y organizado, y eso que no fue fácil. Al mes de haber ganado el concurso, entré en Wall Street Journal, al año renuncié para poder terminar el libro, pero en la mitad me operaron del corazón, y así y todo trabajé muchísimo y cumplí con los tiempos.
Entonces, ¿tenés una rutina fija para escribir, un sistema propio?
No, cada obra es distinta. Por ejemplo, con Miami empecé un poco más desorganizado, tenía un montón de información, muchos personajes interesantísimos, así que adopté otra forma de trabajo. Escribí todo de una vez, lo dejé por tres meses y después lo retomé, y ahí sí pude hacer una buena corrección, darme cuenta de las cosas que no iban con la estructura del libro. hay veces que tenés que borrar párrafos completos, a pesar de que te llevaron mucho tiempo o para los que leíste libros enteros e investigaste con profundidad. Lo ideal es hacer un plan de trabajo y seguirlo. Muchas veces uno cree que puede empezar a escribir para ver qué sale y en realidad eso te lleva mucho más tiempo.
Una cosa que tengo a favor es que me gusta muchísimo investigar, soy muy bueno para buscar información en internet, para seleccionar y archivar. La verdad que al estar en nueva York puedo comprar libros hasta por un dólar que a los tres días me los mandan a casa. Eso facilita mucho las cosas.
Ahora, para organizarme mejor y lograr una rutina de trabajo, alquilo una oficina en un lugar específico para escritores, donde tenés todo –computadora, libros, fax– y no se puede hablar. Un par de días a la semana se corta internet y no te queda otra que escribir, se llama Room 58 (www.room58.org).
¿Cómo te gustaría que te reconozcan en el futuro? ¿Como escritor, periodista? No es fácil clasificarte…
No sé, porque en el mundo hispano para ser reconocido como escritor tenés que escribir ficción, si no no queda claro si sos periodista, cronista, escritor y la verdad que todavía no sé si tengo ganas de escribir ficción, es distinto. Por otro lado, la vida del escritor tiene un costado solitario, para poder escribir tenés que apartarte un poco, transformarte en observador desde afuera, y hay momentos en que tengo ganas de ser más “actor”, de estar en la cocina de lo que pasa, de la actualidad, de los medios. Por un lado, quiero estar tranquilo, en mi guarida, escribiendo, pero no me quiero perder nada… no tengo claro todavía cómo me veo yo a los 60.
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Reseña de su nuevo libro Miami...
Es la historia de una ciudad insegura y brutal, autodestructiva y fascinante, que hace mucho tiempo está buscando una piel donde sentirse cómoda. También es la historia de los prejuicios de su autor, que durante años ignoró a Miami y después descubrió, sorprendido y humillado, una ciudad con jugo y mordiente, mucho más interesante que la famosa trinidad “playa, shopping, anticastrismo” a la que él y buena parte de América Latina la habían condenado. (Fuente: tematika.com) |
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Un entrevistado encantado
En la edición del 30 de enero pasado el suplemento ADN Cultura de La Nación publicó un fragmento de Miami… Allí cuenta la historia de Claudio González, un argentino ex vendedor de autos que logró por sí solo, y sin abandonar su pronunciación argentina, convertirse en un emblema de una importantísima concesionaria Toyota, hoy la que más autos vende en todo Estados Unidos.
Hernán temía la reacción de González ante esta publicación, ya que al principio el entrevistado se había mostrado reacio a encontrarse con él, pero Claudio González no sólo no se molestó sino que estaba encantado, al punto de invitarlo a un viaje solidario a Haití por el terremoto. “Vení, vamos a llevar cosas, yo te pago todo” fue la invitación, que por cuestiones de agenda no se pudo concretar. |
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Más información
www.hernanii.typepad.com
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