MINI, UN AUTO CON UNA HISTORIA GRANDE
Fue lanzado en 1959 por una estricta
necesidad de ahorro de combustible,
pero jamás se pensó que casi
medio siglo después iba a resurgir
con tanta fuerza. Un modelo revolucionario
que se convirtió en ícono y
que hoy es un éxito.
Es cierto, el Mini que hoy en día vemos por la
calle poco tiene que ver con aquel que en 1959
salió del tablero de un ingeniero británico. Sin
embargo, el espíritu, la esencia, sigue siendo la
misma y BMW, la marca alemana, supo revivir
un ícono inglés y transformarlo en un éxito de
ventas mundial, y que próximamente tendrá
una nueva versión que llegará a la Argentina.
Un poco de historia
Al repasar el origen del Mini, uno se encuentra
con un pasado no muy diferente al presente
que nos toca vivir, donde las automotrices
comienzan a fabricar vehículos compactos con
motores económicos debido a la escasez de
petróleo. En 1956 aún no se pensaba que este
recurso se fuera a agotar, sino que era la
Guerra de Suez la que provocaba una reducción
del suministro que llegaba desde Medio
Oriente a Gran Bretaña. A causa de esto, el
petróleo comenzó a llegar en barco a través de
la Península de Gibraltar a un precio muy alto,
por lo que las ventas de autos con motores
grandes cayeron. Esto llevó a la British Motor
Company a pensar en fabricar un auto chico,
de no más de tres metros de largo, espacioso
en su interior y con un motor que consumiera
poco. El proyecto fue denominado ADO15 y
recayó en el ingeniero Alec Issigonis, quien en
seis meses tuvo el prototipo listo y, casi sin quererlo,
revolucionario en muchos aspectos. El
Mini fue –por necesidad– el primer auto chico
de producción masiva en serie en incorporar el
motor de manera transversal, lo que permitió
ganar espacio en el habitáculo. Se trataba de
un impulsor de 850 cc acoplado a una caja de
cambios manual de cuatro marchas; tenía suspensión
independiente en las cuatro ruedas
mediante conos de caucho en lugar de los tradicionales
amortiguadores; su tracción era
delantera, lo que le aseguró un piso plano,
logrando espacio para cuatro pasajeros; contaba
con neumáticos con llantas de apenas 10
pulgadas que no necesitaban grandes guardabarros,
y que estaban dispuestos bien en los
extremos del auto. Además, tenía bisagras de
baúl, puertas dispuestas en el exterior y ventanillas
corredizas, también para ganar espacio.
El comienzo del éxito
En abril de 1959, el modelo se presentó a la
prensa y en agosto salió a la venta como Austin
Seven y Morris Mini-Minor, tomando dos marcas
y nombres de modelos ya existentes.
Lejos de lo que se puede pensar, y de lo que
esperaban sus creadores, el auto no se vendió
muy bien de inmediato, ya que los que primeros
accedieron a él fueron mayormente ejecutivos,
estudiantes y mujeres con cierto nivel económico,
y no la clase media o baja. El verdadero
éxito llegó recién en 1962, año en el que se
fabricaron 116.000 unidades. Las personas de
bajo poder adquisitivo lo adoptaron como una
buena alternativa de auto compacto; los más
jóvenes lo sentían divertido de manejar por su
buena velocidad final (145 km/h) y la suspensión
dura que asemejaba su andar al de un karting;
y las mujeres lo vieron como un símbolo
de independencia en una década de cambios.
Acaso la diseñadora británica Mary Quant
tomó como fuente de inspiración al simpático
auto y poco después armó su propia revolución
al crear la minifalda.
A medida que el modelo se iba perfeccionando
y ganando en comodidad, detalles estéticos y
versiones, las ventas se multiplicaban. Pero aún
resta sumarle otro apellido importante a esta
historia, el del ingeniero John Cooper, que está
ligado al lado más deportivo del Mini. Cooper
fue quien le acercó a Issigonis la idea de instalar
motores más potentes y fue así como en
1961 surgió el Mini Cooper, con motor de 997
cc. No sólo se vendió muy bien sino que en lo
deportivo el auto comenzó a mostrarse muy
competitivo, sobre todo en el Rally de Monte
Carlo, donde venció en 1964, al igual que en
1965 y 1967. Esto selló su destino de gloria y
comenzó a transformarlo en un ícono, elegido
también por las estrellas del momento como
The Beatles, el actor Peter Sellers y la actriz
Brigitte Bardot, entre otros.
En todas partes del mundo se lo admiraba,
así que no sólo Gran Bretaña tuvo el honor
de fabricarlo, también se lo produjo en
Australia, Bélgica, Chile, Italia, Portugal,
Sudáfrica, España, Uruguay, Venezuela y
Yugoslavia. Se lo copió, se lo imitó y nunca
se lo olvidó. Se calcula que 5 millones de unidades
se esparcieron por todo el planeta
hasta el año 2000, en el que se dejó de fabricar.
Pero las cuatro letras de su marca soportaron
el cambio de siglo y le dieron vida a un
nuevo proyecto.
El nuevo Mini
"El Mini forma parte de la historia de la automoción.
De algún modo queríamos aunar de
manera armoniosa la emocionalidad del modelo
anterior con la tecnología del futuro", declaró
en 2000 Frank Stephenson, jefe de diseño
que tuvo a su cargo el desarrollo del nuevo
Mini. Unos 40 años después de que un colega
suyo delineara el dibujo del Mini sobre un mantel,
tuvo la difícil pero grata misión de devolverlo
a la vida, ahora como una marca parte del
grupo BMW. El primer adelanto de esta
nueva generación se presentó en el Salón
Internacional del Automóvil de Frankfurt
1997, pero el debut mundial llegó recién
en el Salón Internacional del Automóvil de
París 2000. "Es un auto de cuatro amplias
plazas que expresa de modo moderno un
estilo de vida urbana, y que responde a las
exigencias de los clientes del nuevo milenio
más allá de cualquier tendencia de
moda reciente o de los gustos contemporáneos",
decía por entonces el comunicado
de prensa de la marca que sacudió el
mercado con una propuesta innovadora
que enseguida fue bien recibida.
Más grande, más potente, más equipado,
con más lujo y seguridad, pero con la
misión de volver a conquistar –sobre todo–
a los más jóvenes, a las mujeres y a aquellos
hombres con ganas de divertirse y
ponerse al volante de las versiones más
deportivas.
Mini o Mini Cooper comenzó a sonar
fuerte de nuevo y los pedidos llegaron
de todos lados, provocando que también
se revalorizaran las viejas versiones
de los sesenta y setenta, buscadas por
coleccionistas y jóvenes que descubrieron
su pasado.
En el ámbito local, la marca Mini retornó
definitivamente al país en 2004, tras cinco
años de ausencia y el público argentino le
dio una buena bienvenida, siguiendo la
tendencia mundial y mejorando las ventas
año tras año. En 2007, se comercializaron
222.875 unidades de Mini en todo el
mundo, con un incremento del 18.5%
respecto de 2006. De ese total, 620 unidades
se vendieron en la región de
América Central y América del Sur, lo que
implica un aumento del 29,5% en relación
con el año anterior.
Estas cifras demuestran que el Mini dejó
de ser un auto "masivo" para ser más
exclusivo, que incluso puede personalizarse
a pedido a la hora de encargarlo. De
todos modos, su simpatía sigue siendo la
base de su éxito y por ello es que se siguen
creando versiones y ediciones limitadas,
como el S, el Cabrio y el John Cooper
Works, por nombrar sólo algunas.
Próximamente, llegará al país la versión
Clubman (que ya existía en 1961) y que es
un Mini más largo con cuatro puertas, tipo
“familiar” y que el año pasado ganó las
calles de Europa. Comienza a escribirse así
otro capítulo en esta historia que va camino
de cumplir sus primeros 50 años.
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TODOS POR LA
SEGURIDAD VIAL
El alto índice de accidentes que acusa
la Argentina depende, en el 90% de los
casos, de las actitudes y decisiones
erradas de quienes conducen. Como
freno a esta situación cada vez más
cotidiana, desde Peugeot apostamos
por la educación vial, en una ardua
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sobre la importancia de estos temas.
No sólo se trata de inculcar reglas, sino
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éstas. De hecho, la mayoría de los siniestros
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disminuyendo la velocidad ante la duda
de avanzar, respetando los pasos nivel,
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enfrente o no obsesionándose con llegar
rápido a destino.
Seguridad Vial Peugeot, que desde principio de
2007 viene trabajando en la difusión de contenidos
por diferentes medios, pone a disposición numerosas
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de conocimientos. Así, en la página web
(www.seguridadpeugeot.com) se exhiben contenidos
de cuidado activo y pasivo, recomendaciones e
informaciones de interés, entre otras herramientas
que ayudan a evitar accidentes.
Frente a un 2008 ya signado por numerosas tragedias
absurdas, Peugeot propone un cambio de
paradigma en la responsabilidad de la seguridad
vial. Consideramos que un buen comienzo hacia el
cambio es trabajar conjuntamente, en todos los
sectores, aportando políticas que prevengan estas
actitudes nocivas. De este modo, cada sector, ofrecerá
a la sociedad sus conocimientos y recursos,
ayudará a mejorar la situación desde diferentes
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La enorme cantidad de accidentes es un problema
actual y urgente; solucionarlo implica un proceso
que se construye cada día. De todos depende que el
camino hacia la seguridad sea lo más corto posible.
Por Stephane Levi, director de
Marketing de Peugeot.
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