Las
confesiones más sureñas de los dioses

Ushuaia es un punto turístico atractivo
por naturaleza. Su ubicación geográfica y las maravillas de
su entorno la convierten en un lugar realmente único. Pero conocer
sus paisajes y su presente puede convertirse en un vertiginoso
viaje de ficción si se lo completa con un inigualable relato
de su pasado.
“…Y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria,
y hasta los confines de la tierra”. Esta frase de Jesucristo,
dicha a sus discípulos y relatada en el versículo 8 del primer
capítulo de Hechos de los Apóstoles, es la que da apertura al
libro de Lucas Bridges: El último confín de la Tierra. Ya sea
con un significado religioso, literario u objetivo, ese confín,
el Fin del Mundo, el último vértice de la Argentina, y la ciudad
más austral de la tierra, es Ushuaia.
Bridges terminó de escribir su libro en agosto de 1947, hace
exactamente sesenta anos. Otro aventurero y explorador de
los puntos más inhóspitos de América como él, y de origen
sajón, también como él, A. F. Tschiffely (aquél que realizara
el memorable viaje con Mancha y Gato de Buenos Aires a Nueva
York), fue quien lo convenció para que juntara sus memorias
en lo que luego terminaría convirtiéndose en un relato de
invaluable alcance histórico, antropológico, etnográfico y,
seguramente, literario.
Un jefe blanco entre los fueguinos
En la introducción del libro, Lucas de Bridges, Tschiffely
escribió: “Hace muchos anos, durante la época en que viví
en la Argentina, de vez en cuando escuché historias sobre
cierto inglés que era una especie de ‘Jefe Blanco’ entre los
indios fueguinos, además de ser considerado por muchos como
el rey sin corona de la Patagonia”. Un tiempo más tarde conoció
al hombre que encarnaba la leyenda y después de oír de su
propia boca aquellas historias que rozaban el límite de lo
increíble, fue cuando le insistió para que las plasmara por
escrito.
El último confin de la tierra no tiene nada de leyenda, ficción,
fantasía o imaginación -excepto lo que se refiere a las creencias
de los aborígenes-, pero sus casi quinientas páginas tranquilamente
podrían superar la creatividad y originalidad de muchas célebres
novelas de la literatura universal. El escrito no es más que
la historia de su vida, la de su familia y la de los nativos
de Tierra del Fuego. Pero, sin duda también es una historia
de aventuras, riesgos, descubrimientos y novedades constantes;
de exploradores, misioneros y espíritus inquietos; y, sobre
todas las cosas, es la historia del encuentro, la convivencia
y el desencuentro de dos razas y dos mundos.
Thomas Bridges fue uno de los misioneros ingleses que, con
el fin de evangelizar a los nativos de la región, se instalaron
en la bahía de Ushuaia en 1871. Lucas, su tercer hijo, nació
y creció entre los yaganes, indios canoeros y pescadores que
vivían sobre las costas del canal de Beagle. En los primeros
anos de su juventud empezó a entablar relaciones con los onas,
aborígenes nómades y cazadores que habitaban en el interior
y el norte de la isla de Tierra del Fuego. Con los anos, además
de aprender, compartir y ser parte del lenguaje, las costumbres
y la vida de ambas tribus, terminaría convirtiéndose en amigo
respetado, consejero, defensor y hasta familiar por adopción
de los onas.
Una autobiografía, un manual
de cultura
Desde los primeros viajes exploradores, con Fitz Roy y Darwin
a la cabeza, hasta sus últimos anos en Tierra del Fuego, Bridges
relata, con detalle y dramatismo, casi cien anos de un pedazo
de historia americana y argentina. Pero su mayor logro es
narrar y describir, con impecable precisión, las más ancestrales
tradiciones de uno de los tantos -casi ya desaparecidos- pueblos
nativos de nuestro continente.
Él y su familia no sólo fueron la excepción, por haber sido
de los pocos duenos de la tierra por propia imposición que
tuvieron un trato amigable y de integración con los aborígenes,
en vez de la lamentable costumbre de sometimiento y eliminación
de los tiempos coloniales. Sino que además -y especialmente
él- lograron mimetizarse y ser realmente parte de la cultura
de los pueblos originarios.
Su vida, la que llena las páginas de su libro, es una vida
de aventuras y de contacto con las raíces de la tierra y su
gente, como no deben existir muchas más en la historia argentina.
Su relación con los indios, lo curioso de sus hábitos y lo
distinto de sus costumbres, lo riesgoso de sus cacerías, las
intrigas y las peleas, y lo difícil de estar a merced de las
inclemencias y hostilidades del clima -situaciones todas de
la que él mismo fue protagonista o testigo- hacen pensar en
las más fantasiosas novelas de hazanas o súper producciones
de Hollywood.
La magia del fin del mundo
El libro fue escrito hace sesenta anos, es cierto. No es novedoso
ni por su lanzamiento ni porque lidere la lista de los más
vendidos. Pero cuando uno viaja a Ushuaia con la intención
de ver en qué consiste la famosa “ciudad más austral del mundo”,
quiere conocer algo de su historia y le dan el consejo que
recibió este cronista -“comprate El último confín de la Tierra”-
puede percibir la magia del viento frío, el que murmura, desde
lejos, las confesiones mas surenas de los dioses.
Es una ciudad con un puerto de postal, con las aguas gris
plateadas del Beagle y las montanas nevadas de fondo; a la
que en verano llegan magnánimos cruceros con varios miles
de personas a bordo; que cuenta con un museo del presidio
que es un enriquecedor aporte a la cultura argentina; y que
en sus alrededores tiene bellezas naturales de lo más variadas
y sorprendentes. Pero la visión completa y detallada que da
un relato como el de Bridges, brinda la posibilidad de disfrutar
y respirar ese aire tan especial que Ushuaia tiene, mezcla
de civilización y aislamiento. Es cierto, es el Fin del Mundo,
pero no sólo por su ubicación geográfica, sino más que nada
por el vértigo que genera sentir que verdaderamente la tierra
allí se pierde y se acaba.
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