MARZO 2007



 

DESDE ADENTRO
Texto: Pablo Marini* / Ilustración: Gastón Lentini
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Lo femenino y lo masculino

Con la aparición de la “Ideología de Género” se pretende trastornar revolucionariamente todas las nociones acerca del matrimonio, la familia, la distinción de sexos y eliminar cualquier tipo de comprensión realista acerca de qué es lo femenino y lo masculino.

En el marco de la celebración del Día Internacional de la Mujer (8 de marzo) podría ser útil reflexionar un poco sobre este tema. Primero se postuló la práctica de la sexualidad sin matrimonio: el llamado amor libre. Después, la práctica de la sexualidad sin la apertura al don de los hijos: la anticoncepción y el aborto (sexo sin hijos). Luego, la práctica de la sexualidad sin amor: “tener sexo“, pornografía, etc. Más tarde, la producción de hijos sin relación sexual (hijos sin sexo): la mal llamada reproducción asistida (en realidad, fecundación artificial). Por último, con el anticipo que significó la cultura unisex y la incorporación del pensamiento feminista radical, se separó la sexualidad de la persona: ya no hay varón y mujer; el sexo es un dato anatómico sin relevancia antropológica; el cuerpo ya no habla de la persona, de la complementariedad sexual que expresa la vocación a la donación, de la vocación al amor; cada cual puede elegir configurarse sexualmente como desee: varón, mujer, homosexual, lesbiana, bisexual, transexual. Desde la ”Ideología de Género”, las diferencias entre varón y mujer no corresponden a una naturaleza dada sino que cada uno puede "inventarse" a sí mismo. Según esta perspectiva, lo femenino y lo masculino son "roles socialmente construidos y además sujetos a cambio permanente”.


Una unidad dual, no una confusión
Cierto es que a lo largo del desarrollo, la cultura en la que nos movemos nos va ofreciendo formas particulares a través de las cuales expresamos nuestra femineidad o masculinidad –y en este sentido– también puede favorecer (o no) nuestro ser mujer o varón. Pero todos sabemos que previo a ello, en nuestra misma estructura psicofísica, ya vienen sugeridas las posibilidades y límites propios de cada sexo, ya está preparado el terreno desde el cual ejerceremos nuestra vida. Ambos, mujer y varón, están invitados a desplegar sus posibilidades personales y las del mundo en el que viven, pero tanto uno como el otro lo hacen de modos diferentes. Ambos están llamados a ser fecundos, aunque según formas y órdenes diversos.
También una sana psicología, fundada a su vez en una antropología realista, nos dice claramente que el hombre existe siempre y únicamente como ser masculino o femenino. No existe hombre alguno (ni mujer) que pueda ser sólo por sí mismo la totalidad del Hombre. Esto se ha llamado en los últimos anos “la unidad dual del hombre y la mujer” o unidualidad. El hombre no puede existir “solo” (Gen 2, 18); únicamente puede existir solo como “unidad de dos” y, por consiguiente, en relación con otra persona humana.
Por lo tanto la diferencia sexual no puede reducirse puramente a un problema de roles, sino que debe comprenderse en un plano sustancial y no meramente accidental. Y esto implica una diferencia que es una riqueza para la sociedad, ya que hombres y mujeres están llamados a aportar lo suyo (lo que Juan Pablo II denominó enfáticamente –en el caso de la mujer– “el genio femenino”). Por ejemplo:

• El mundo de la mujer es aquel que está caracterizado por la proximidad, la vecindad. Y aquello que aparece lejano lo acerca y lo colorea con los tonos de lo conocido y familiar.

• La mujer es llamada a la gestación del mundo, pero no a la manera del varón, que mira al futuro a fin de prever y proveer a los suyos, sino la gestación de la vida en su vientre y la que de continuo busca gestar en todo lo que la rodea, en cada cosa que toca. El varón “está con las cosas”, la mujer “dentro de las cosas”, nos dice López Ibor.

• Ella gesta un espacio distinto al del varón: concéntrico, delimitado, aunque siempre renovado, en el cual, desde su particular apertura, está dispuesta a recibir y cobijar. El varón, más excéntrico, está abierto siempre a nuevas posibilidades.

• En la mujer, la sexualidad impregna más íntimamente la totalidad de su ser gracias a lo cual –a diferencia del varón– ella constituye un todo más unitario.
• En las mujeres hay una particular habilidad para la comprensión intelecto-sensitiva concreta, es decir, para captar receptivamente de modo cuasi-inmediato contenidos inteligibles en las situaciones concretas de la vida cotidiana (lo que llamamos comúnmente “intuición”).

• En ellas, la búsqueda y el encuentro de un significado unitario de la existencia parece surgir de un modo más espontáneo y concreto que en el varón, el cual aún cuando también vive de modo dramático la búsqueda de sentido, suele tender a categorizarlo de modo abstracto.

Pretender privilegiar una u otra dimensión necesariamente acarreará importantes desórdenes personales y hasta serios trastornos para toda la sociedad. Todo esfuerzo por reproponer a la persona como principio y fundamento tiene que pasar necesariamente por reproponer el valor de lo femenino y lo masculino, ambos rostros recíprocos y complementarios de lo humano.

Feminismo radical

La americana Kate Milled, en su libro “Sexual Politics” afirma: “La mujer aún es indispensable para la concepción, la gestación y el nacimiento de un nino, pero no tiene otra atadura u obligación especial con respecto a él”. Shulamith Firestone en “The Dialectic Sex”, propone liberar a la mujer de la “tiranía de la procreación”[1], a cualquier precio. “Lo quiero decir muy claramente: el embarazo es una barbaridad”[2], senala.

A. Schwarzer sostiene que hay que luchar también contra el propio marido[3]. Llama a todas las mujeres para que manifiesten su poder y se nieguen a sus maridos, rehúsen “la heterosexualidad” que ha pasado a ser “un dogma”[4] y se interesen por la bi- y la homosexualidad. Critica también la “ideología del hijo propio” y lucha contra todos los lazos existentes entre madre e hijo. Según ella, tales lazos sirven únicamente para proteger los últimos baluartes de una sociedad para varones.

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[1] Cfr. S. Firestone, The Dialectic Sex, 1970; en alemán: Frauenbefreiung und sexuelle Revolution, Frankfurt a. M., 1976, p. 191; cfr. también Beauvoir, Über den Kampf... cit., p. 463.
[2] Firestone, ob. cit., p. 191.
[3] Cfr. Schwarzer, Der kleine Unterschied und seine großen Folgen, Frankfurt a. M., 1975, pp. 208 y sgte.
[4] Cfr. Schwarzer, Der kleine Unterschied... cit., pp. 200.

*El autor es lic. en Filosofía. Profesor de Teología, Filosofía y Moral en la Universidad del Salvador y docente del Doctorado de Historia y Letras de la USAL.

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