La
cuna del sol

Visitamos un San Juan menos conocido,
otro costado de esta provincia, que se enorgullece de preservarse
“tal como Dios la hizo”. Apuntes de una travesía acompanada
de valles cordilleranos, paisajes desérticos, un impresionante
dique artificial y una esforzada carrera de aventura.
Jueves. Fue cuestión de vivirlo para corroborar que era cierto,
primero en las cabezas sudorosas y luego en todo el cuerpo.
“Residencia del sol”, “el lugar donde más brilla el sol” o
cualquier otro apodo le sentaban a la perfección a la provincia
de San Juan.
Sin ser agobiante, sino más bien seco, el caluroso clima se
hacía sentir durante aquel intervalo de siesta, mientras todos
los habitantes del lugar se perdían en la nebulosa de un sueno
más fresco. Estábamos en San José de Jáchal (“río de las arboledas”),
departamento ubicado a 160 km de la capital, que alberga tradición
y mucha historia, según pudimos observar en las cuadras de
esta pequena ciudad fundada en 1751 y destruida por un terremoto
en 1894. De aspecto, la plaza central no se diferenciaba de
cualquier otra: juegos para ninos, un césped algo descuidado,
grupos de jóvenes ociosos y algún anciano cumpliendo la rutina
de sentarse en el banco para matar las horas. Pero, Jáchal,
fiel a su costumbre de resguardar su pasado, nos regaló dos
sorpresas. La de la estatua de Narciso Laprida, realizada
por la talentosa escultora tucumana, Lola Mora; y la de una
obra mucho más actual y sin tanta riqueza artística pero muy
simbólica, que descansa sobre uno de los costados de la plaza,
huyendo de todo protagonismo: una cacerola empotrada sobre
una corta columna de ladrillos en homenaje al levantamiento
popular de 2001. Remontándonos a un espacio de tiempo más
amplio, la opción fue visitar el Cristo Negro de los Jachaleros,
de cuero articulado, obra de arte sacro potosino del siglo
XVIII, que reposa en la Iglesia San José, ubicada a pocos
metros de la plaza.
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Imperdible:
los molinos harineros |
Luego del paseo, lo más recomendable es acercarse a los
molinos harineros, que fueron declarados Monumento Histórico
Nacional por el Congreso argentino. Son construcciones del
siglo XIX que marcaron el período más floreciente de la economía
productiva de la región y guardan todo el estilo arquitectónico
de aquella época. Pero, además, tienen mecanismos antiquísimos,
que constituyen una verdadera joya de la industria de antano.
Dos de esos molinos, el de Sardina y el de García, fueron
restaurados en 2004 y 2005 respectivamente, y funcionan como
en sus mejores épocas. En tanto, el de Huaco (a unos 40 km
de Jáchal) fue reinaugurado el 29 de julio último.
Viernes. Si temprano a la manana el sol caldeaba el ambiente,
para el mediodía no tendríamos más alternativa que escondernos
bajo la sombra de algún árbol. Ése era el plan de quienes
no imaginábamos lo que San Juan era capaz de ofrecernos. De
hecho, la aguja de las doce nos encontró -para nuestra sorpresa-
resguardándonos ya no del sol, sino de un viento que se hacía
cada vez más fuerte e intenso, en un paisaje bien distinto
al del valle de Jáchal.
Habíamos recorrido sólo 40 km al oeste de aquella ciudad por
la ruta 150 hacia el poblado de Rodeo -departamento de Iglesia-,
y lo que antes fuera un recorrido de pura historia y tradición
era ahora una invitación al deporte, concretamente al windsurf
y kitesurf. A la media tarde entendimos por qué el dique “Cuesta
del Viento” era el lugar elegido para la práctica de estas
actividades. Con el paisaje espectacular de sierras rocosas
precordilleranas recortadas por un espejo de agua turquesa,
un alocado viento que desde las 15 hasta las 17 hs puede alcanzar
los 80 km/h y un sol que nunca desaparece, los deportistas
veneran este escondite, que es sede de competencias internacionales,
pero que todavía no fue invadido por el turismo masivo.
Y, como si fuera poco, los aventureros pueden elegir también
el rafting por el río Jáchal, las cabalgatas, la pesca de
truchas y los recorridos a pie, bicicleta y 4x4 por la accidentada
geografía del lugar.
A estas propuestas de incondicional adrenalina, se le suman
alternativas de estilo más bien bohemio: paradores de playa,
barcitos, hamacas paraguayas y un fondo musical de reggae
a la orilla del dique. Pausa obligada que los habitués, deportistas
o no, saben aprovechar.
| Un
paseo y aguas calientes |
Sábado por la manana. Como la mayoría de los pueblos sanjuaninos
de los valles cordilleranos, Rodeo nos conquistó por su ritmo
pausado. De antiguas casas de fachadas de adobe y “de material”,
con galerías internas en torno a un patio con infaltable parral
de uva criolla; de tapiales, algunas calles de tierra, álamos
gigantes y rústicas capillas que se erigen como testimonio
de la cultura de otros tiempos, este pueblo es el mayor de
la región. Lo destacado: el paseo por las fincas de frutales,
huertas y alfalfares que amenizan la manana y devuelven la
paz al viajero.
Antes de dormir. El vapor inunda los pasillos, los azulejos
de las paredes transpiran, circulan rostros relajados. Son
las aguas volcánicas altamente desintoxicantes y terapéuticas
de las Termas de Pismanta que fluyen a 45o C en los banos
individuales del Hotel Posmanta, invitandónos a hundirnos
muy despacio en un cómodo relax, que resulta ser la antesala
de un sueno ininterrumpido y el final de un viaje signado
por la presencia del sol, paisajes lunares y valles fértiles.
| Carrera
de montaña: Inti Challenge |
“En este tipo de carreras, donde la geografía tiene un lugar
tan preponderante, uno corre y anda en bicicleta mirando para
todos lados, para no perderse ninguna maravilla que la naturaleza
regala”, afirmaba Nicolás, uno de los 130 competidores que
participaron de la carrera de montana, horas después de haber
cruzado el arco de llegada en una calle de San José de Jáchal,
cuando ya había recuperado el aliento de dos días enteros
de competición (8 y 9 de diciembre de 2006).
San Juan fue la provincia elegida para efectuar la última
de una serie de cuatro etapas realizadas en las principales
geografías de la Argentina: selva (Misiones), pantano (Esteros
del Iberá), desierto (Catamarca) y montana.
Haciendo honor al nombre de la carrera, Inti Challenge (“Desafío
al sol”), los corredores, de pechera roja, se reunieron el
primer día en la plaza del pueblo de Rodeo bajo un sol implacable,
con los nervios lógicos de una prueba que consistía en 160
km de Running (25 km) y Mountain Bike (135 km). Alternando
ambas disciplinas, hombres y mujeres recorrieron 80 km bordeando
el dique “Cuesta del Viento”, haciendo una pausa en los Farallones,
camino a la localidad de Buena Esperanza y Angualasto, y enfrentando
un viento fortísimo que dificultó mucho el avance. A la noche,
luego de una cena preparada por Gendarmería y a la que asistió
el gobernador de la provincia, los deportistas -ya renovados
por el bano y la comida- acamparon en Rodeo, desde donde partieron
al día siguiente, para completar el último tramo de la carrera.
Esta última etapa tuvo su parte más placentera con el Hydro
Speed por el río Jáchal, en la que muchos aprovecharon para
descansar, mientras las fuertes aguas los sacudían a su antojo.
“Llega un momento en el que el cuerpo ya no responde, y es
el espíritu el que entra en juego. Cuando no das más y empezás
a laburar la cabeza, ahí recién comienza la carrera”, explicaba
Hernán, satisfecho de haber superado las limitaciones físicas,
que luego de dos días se tornaron difíciles, pero no imposibles.
Con esta última etapa, se cerró el primer ano del Campeonato
Argentino de Carreras de Aventura, organizado por la empresa
A2 Racing.
www.a2racing.com.ar
info@a2racing.com.ar
4779-2512
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